La fortaleza de Alexandra Escobar la convirtió en una leyenda del deporte ecuatoriano

Alexandra Escobar se despidió tempranamente de Tokio 2020. EFE

“Muchas personas que me conocen piensan que estoy bien, pero cuando estoy sola lloro mucho y paso triste”, reconocía al Ministerio del Deporte, la halterista Alexandra Escobar meses después que falleciera su esposo Darío Gracia, por un problema cardiaco, en febrero de 2017. La tragedia fue más dolorosa con la pérdida de los trillizos que esperaba.


Para cuidar de su hijo Dominik, de 10 años, se alejó de la actividad deportiva. El apoyo de sus compañeros, el amor por los fierros y el compromiso personal de complacer el sueño que tenía su esposo de verla en Tokio 2020 provocaron su regreso por la puerta grande en 58 kg.


Dando muestra de una fortaleza única, logró tres medallas de oro en el Campeonato Panamericano de Miami, en julio de 2017; y otras tres de oro en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta, cuatro meses después.


A pesar de sus conquistas doradas no estaba segura de llegar a sus quintos Juegos Olímpicos. “Las ganas las tengo, pero no sé si tenga las fuerzas para llegar”, reflexionaba. “Si Dios me lo permite hasta allí llegaría en lo competitivo, porque estoy pensando en ponerme un negocio propio o aportar en la parte formativa de los deportistas esmeraldeños”.


La novena de diez hijos que procrearon Urcino Escobar y Matilde Guerrero tenía 10 años cuando dejó su hogar en la parroquia Rocafuerte, al norte de la provincia de Esmeraldas. En Guayaquil cuidaba niños y lavaba ropa, pero no siempre recibía buen trato. Algunas personas “me ponían a hacer de todo y me trataban mal… hasta me pegaron… fue durísimo”.


A los 18 años tuvo su primer contacto con pesas. Acompañó a su hermana a un entrenamiento en Esmeraldas, tomó una barra de 40 kg e hizo repeticiones. El profesor vio en esa señorita de estatura baja y contextura delgada un gran futuro y le pidió a la hermana que la lleve más seguido al gimnasio.


El camino, aún incierto, que estaba por recorrer, empezó a tener las primeras trabas. La gente no veía con buenos ojos lo que hacía y la llenaron de agravios. “Me decían que era un machito, que parecía más hombre que mujer. Me decían: mira, ahí va la marimacha, ahí va el hombrecito, ahí va la lesbiana, todas esas cosas y hasta cosas peores”, contó en 2017 al medio público El Telégrafo.


Pese a todo el maltrato psicológico no se dio por vencida y empezó a destacarse dentro y fuera del país. Además de múltiples títulos nacionales, fue tetracampeona campeona panamericana; tretracampeona sudamericana; múltiple campeona en Juegos Bolivarianos, Sudamericanos y Panamericanos. A nivel mundial destaca la medalla de oro que ganó en la modalidad envión, – 55 kg, en Antalya 2001.


Cuando fui campeona mundial, nadie me recibió en el aeropuerto; yo llegué al país y nadie sabía de mí. Es que justo la selección se había clasificado por primera vez para un Mundial… ¡Imagínate! Todo era para la selección de fútbol… Alexandra no existía”, recuerda.


Su más grande ilusión era conquistar una medalla olímpica, la única que le faltaba, pero le fue esquiva en Tokio. «Me bloquee… No sé lo que me pasó, no me lo explico aún, estoy muy dolida. Pido disculpas al país», dijo Escobar a Ecuador Olímpico tras quedar fuera de competencia en 59 Kg. «Esperaba dar más», aseguró entre lágrimas dejando abierta la posibilidad de empezar otro ciclo olímpico.


Los mensajes de apoyo no se hicieron esperar. Es la única deportista ecuatoriana, en la rama femenina, con cinco participaciones en Juegos Olímpicos: fue séptima en Atenas 2004, y quinta en Pekín 2008 (diplomas). En ambas ocasiones fue la abanderada de la delegación nacional. En Londres 2012 terminó novena y en Río 2016 fijó su mejor resultado con un cuarto lugar (diploma).