Escúchame bien Juantodonada

Jorge Durán

Jorge L. Durán F.

Este lunes mi desayuno se convirtió en bostezo largo, con lagrimitas incluido, tan pronto saber que en esta provincia tan chiquita, donde abundan cantones también chiquitos, convertidos en tales por milagros de agua santa, por no decir de San Herminio (a ver si me calas Juantodonada a quien me refiero), habrá 86 candidatos para 15 alcaldías; y no te digo cuántos para concejales porque, de verdad, me temo que me desoigas y mi cuento no termine, cuando lo que quiero es decirte que desde hace varios días me vengo preguntando por qué tantos aspirantes a sueldos que bordean los 5 mil dólares mensuales, fuera de muertos y heridos, claro está; y de tanto pensar y pensar trato de controlarme para no pensar tal mal, sino pensar en que a lo mejor será porque hay tantos desocupados; pues por vaguería no ha de ser, aunque pueda que también lo sea; o también será que hay unos cuantos ilustrados teóricos ansiosos de hacer de alcaldías y prefectura una pasantía o la oportunidad para cambiar de consortes o “consortas”; y es que tú, Juantodonada, bien sabes lo que es tener el poder, ese poder que los demás Juantodonadas, dizque por democracia, sobre todo para que no les multen, dan en las urnas, a las que concurren sin mayor entendimiento ni conocimiento, peor ahora con candidatos a millares surgir, tanto que ni se sabe bien quiénes mismo son, de dónde habrán salido, quiénes les habrían hecho creer que son medio útiles para ser alcaldes o prefectos; y más todavía porque, dizque, representan a movimientos que ahora se reproducen como pulgas en casa abandonada y con unos nombres que ni a las mascotas les caería bien; pero, y ¿por qué?, porque, escúchame bien Juantodonada, simbolizan algo y no simbolizan nada; y es más, creería que don diccionario les debería demandar porque, por lo que son y por los intereses que de veras tienen, atentan contra su real significado; y si eso lo crees poca cosa, óyeme, óyeme, estos bien “hijosdebuenaventura” han hecho una mescolanza infesta, los ñaños de ayer se niegan el mismo ombligo; se han cambiado de cascarón; si ayer renegaban del diablo ahora van con él a misa; se han “añañado” sapos, alimañas y culebras; pero, hombre, basta ver que pitimuchas y rockeros por poco asoman con huango u oliendo a rabo de borrego; ni se diga los reelegibles, ahora tapando huecos, hasta promoviendo rifas cuyo primer premio es puerco a la barbosa, o apoyando fiestuchas con chicheros y contorsionistas dados a cantantes; y ya que hablo de cantantes, creo, Juantodonada, que ya te he cantado o contado todo, si bien aún me queda algo, pero tu dirás Juantodonada si ya ponerle punto; y, sí, por tu modo de ver, pongo punto. Y punto. (O)