Consejo Directivo del IESS

salvador pesantez
Salvador Pesantez

La batahola que se da en las instituciones del Estado por captar cargos de decisión política, justicia y economía es tanto peor que las reyertas entre los herederos de un difunto acaudalado, porque de por medio está el caudal y el poder, que nadie quiere perder. Adviértase nomás lo que está pasando con los nombramientos a dignidades de entes de control, de justicia y del IESS.  

Para nadie es desconocido que Petroecuador, IESS, las aduanas, entre otros, son entes estatales codiciados por los políticos para su gazuza. Una vez en el poder, reparten dignidades, abarrotan de burócratas y, lo peor, atracan lo que más pueden para morir en la opulencia y asegurar bienestar económico a familiares hasta a su quinta generación.  

El caso para hoy es la designación del Consejo Directivo del IESS que estuvo conformado por un trío de birriosos, dos de los cuales venían arrogándose funciones de una década atrás, sin que haya autoridad que los vigile, audite y remueva de sus cargos. Es fácil colegir que estos estegosaurios comulgaban con los gobiernos de turno para cosechar a porrillo lo que aportan millones de cándidos ecuatorianos.

Uno de los poquísimos aciertos del Gobierno fue emitir el Decreto Ejecutivo 571 para el recambio de los vocales César Rodríguez y Luis Clavijo, de quien se decía tenía el mango de decisiones, al menos en esta región. Hasta la hora que se esboza este artículo, la disputa por captar las vocalías está más reñida que en un cuadrilátero.   

Hace falta un cambio newtoniano en el IEES, comenzando por quien la debe dirigir y cómo debe ser controlado. Ahora mismo hay la suspicacia de que se ha entregado a un cercano del director general del IESS para que monopolice la entrega de medicamentos, un negocio parecido al de los genéricos que se concedió a la Pierina, de apellido Correa.

Pásmense con la corrupción entre funcionarios y avivatos prestadores externos del IESS: Un colombiano de apellido Nicholls, prestador externo de servicios odontológicos en Guayaquil, Samborondón y Salinas acaba de facturar 167 MILLONES de dólares desde el año 2020, donde estaba restringida la atención odontológica por la pandemia.

Fácil de inferir que este paisano habrá lubricado millonarias sumas de verdes a los maduros funcionarios del IEESS. Aquí otro escándalo que la Fiscalía y el Sr. Villavicencio tendrán mucho trabajo, antes que unos y otros abandonen el país.  (O)