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Terrorismo

“Sucesión de actos de violencia para infundir terror” es una de las acepciones que el DRAE da a este término. Se practica con múltiples propósitos, pero en los últimos tiempos se ha recurrido a esta perversa práctica con propósitos políticos o como una estrategia de guerra. El caso de las torres gemelas es un fuerte y duro ejemplo. Grupos fanáticos religiosos y políticos lo consideran una estrategia legítima para cumplir con sus propósitos como ha ocurrido y ocurre con el Estado Islámico. No cabe identificar esta práctica en todo el mundo musulmán ya que se ha dado a lo largo de la historia en otras organizaciones políticas y religiosas.
Se habla de terrorismo de Estado para referirse a prácticas patrocinadas por gobiernos dictatoriales. El Nacional Socialismo lo utilizó con exceso y con el socialismo marxista en la época de Stalin. Gobiernos y gobernantes autoritarios recurren al término terrorismo para justificar una serie de acciones en el campo nacional e internacional. La semana pasada tuvo lugar el asesinato de un alto mando militar de Irán directamente patrocinado por Estados Unidos y su presidente, con la soltura que le caracteriza “justificó” esta muerte calificando de terrorista a la víctima por ser parte del gobierno de Irán.
El acto que comentamos no tuvo lugar en un enfrentamiento armado. La tensión entre los dos países se ha agudizado, pero no hay una guerra declarada. Fue una acción fríamente planificada recurriendo a moderna tecnología, a la que bien podría calificarse como acto terrorista patrocinado por el gobierno del país más poderoso del mundo. En el mejor de los casos se podría hablar de una provocación para dar lugar a una guerra de trágicas consecuencias. La sensatez debe ser la tónica de los gobiernos para salir delante de los conflictos mediante acuerdos. La guerra es una amenaza que casi todos rechazan; lo ocurrido coincide con el llamamiento a juicio político del actual gobernante norteamericano y la cercanía de elecciones. (O)

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