La Corrupción pública

Marco Salamea Córdova

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Análisis político│

El último caso denunciado, sobre irregularidades en la compra de mascarillas y de otros insumos para Hospitales del IESS, constituye una muestra más de la corrupción crónica que se da a nivel de la institucionalidad del Estado; un fenómeno que es pertinente analizarlo en sus causas de fondo y sus soluciones.

Una primera causa tiene que ver con el modelo de sociedad que hoy impera en el mundo; lo cual implica la necesidad de impulsar un proceso de educación en nuevos valores sociales, que cuestionen valores como la búsqueda del beneficio individual, el consumismo y el desmedido afán por la riqueza material (la concupiscencia).

Una segunda causa se relaciona con el modelo político vigente en la sociedad, puesto que este ha facilitado el cometimiento de actos ilícitos en el manejo del Estado y la impunidad.

Así, en el caso de Ecuador, la concentración de los diversos órganos del poder político del Estado en manos de un solo órgano (el Ejecutivo) y de un solo partido (Alianza País) anuló, durante años, la posibilidad de los frenos y los controles necesarios que conlleva una auténtica división e independencia de poderes del Estado. Una concentración que llevó a una mayor politización y partidización de los órganos de control del Estado, como la Contraloría, la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo, las superintendencias, el Consejo de Participación ciudadana y Control Social, etc. Por lo cual, una tarea urgente sería precisamente la despolitización y despartidización de dichos órganos-

La presencia de una democracia meramente representativa, donde la participación de la gente se reduce a depositar un voto en elecciones, sin que intervenga de una manera activa y permanente en los asuntos públicos y del Estado, también ha contribuido a la corrupción de políticos y burócratas; por lo cual, el enfrentamiento a la corrupción supone la construcción de una democracia participativa.

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Finalmente,

es necesario trabajar por un cambio en la cultura política, de forma que los valores de esta ya no sean el clientelismo, el personalismo, el amiguismo, el nihilismo (que lleva incluso a pensar que “político que no roba es tonto”); sino que los valores de dicha cultura sean el mérito, la honestidad, y la lucha por ideales políticos y no por el dinero. (O)