Fondos de emergencia

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EDITORIAL│

No hace falta ser economista graduado para saber que en el flujo económico individual y colectivo es imprescindible ahorrar en épocas mejores para hacer frente a situaciones difíciles que pueden presentarse en el futuro. Como en todo lo humano, la vida es una secuencia de cambios positivos y negativos y si funciona el “menos común de los sentidos”, no se justifica, en épocas prósperas, gastar o derrochar los recursos, pues solo los ilusos creen que o no hay cambios, o solo los hay para mejorar. Si mediante la razón podemos anticipar el futuro con un razonable grado de certeza, hay que vivir tomándolo en cuenta y previendo situaciones negativas propias de la condición humana.

A partir de la década de los setenta, los ingresos de nuestro país pasaron a depender, en gran medida, de la explotación y exportación de petróleo de la región amazónica, lo que conlleva una fuente de riqueza notable. A lo largo de los años la cotización internacional de este hidrocarburo varía notablemente con consecuencias para el presupuesto nacional que parte del señalamiento de un precio del barril, con las consiguientes crisis. Se consideró que, en las épocas de precios elevados, había que ahorrar para reservas en tiempos de crisis. No en la suma esperada, hasta 1906 había un fondo para este propósito.

Por unos años, el gobierno anterior gozó de la más elevada cotización del petróleo de la historia; en lugar de poner en práctica el ahorro gastó todo, incluidos los ahorros que recibió.  Este segundo boom aprovechó el gobernante para sobre endeudar al Ecuador y gastarlo sin control en burocratización y obras, con frecuencia sobre preciadas. Un estadista considera que el futuro es fundamental en las inversiones. Un demagogo para  exaltar su ego, tan sólo mira su presente. La situación de nuestros días muestra con crudeza los efectos de la demagogia ya que, a la crisis del corona virus, se suman la difícil condición económica y la estrepitosa caída mundial de la cotización del petróleo.

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