Una revolución viral

Hernán Abad Rodas

OPINIÓN|

Un virus, es decir un agente infeccioso simple desde el punto de vista biológico, ha trasformado todo lo que pensábamos nosotros sobre nosotros mismos, y ha modificado todos los ejes del orden establecido. Colosos caen y otros se fortalecen, sistemas cuestionados y al borde del colapso, mientras otros con rasgos totalitarios van adquiriendo fuerza y hegemonía.

El Derecho, la política, el Estado y la economía quedarían afectados por el efecto de la pandemia, no volverán a ser iguales. Ninguna revolución ha producido tan profundos y dramáticos efectos, como la que está produciendo la “revolución del Covid-19”.
Es importante que entendamos el fenómeno que estamos viviendo, asumir sus consecuencias y enfrentar con inteligencia, la urgente necesidad de adecuar la economía y el sistema jurídico a los tiempos tormentosos que llegaron.

En el Ecuador el coronavirus ha cambiado nuestra forma de vida, pues no estábamos preparados para esta desagradable y mortal visita. Ni Las autoridades de gobierno ni la ciudadanía sabíamos cómo reaccionar, los hospitales comenzaron a coparse con pacientes de distinta raza o condición social; esta pandemia no respeta nada, desnudó nuestro obsoleto sistema de salud.

Se han tomado medidas extremas para precautelar la vida de los ciudadanos, pero la muerte va causando dolor y desasosiego en muchos hogares.
Muchos compatriotas no entienden el tamaño del problema causado por la pandemia del Covid-19, la magnitud del daño, y las potencialmente terribles amenazas que están a la vuelta de la esquina.

No solo el Ecuador, sino el mundo está desconcertado, busca caminos de solución, aunque sabe que no puede cubrir todas las pérdidas humanas y económicas.
No solamente desde el inicio de la pandemia, sino desde mucho antes, el mundo es insolidario, maquiavélico, donde la moral se proscribe en pro de la astucia, el ascenso y la doblez.

Ojalá el coronavirus haya producido en nosotros una revolución viral, para no mantenernos en la oscuridad, que abramos, los ojos, los oídos y nuestros corazones para ser solidarios, vivir alertas, ya que no estarlo es, no existir. (O)