Responsabilidades y acusaciones

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EDITORIAL|

De largo, Estados Unidos es el país del mundo con el mayor número de fallecidos a causa del “coronavirus”. Con distancia de China e India es el tercero en población del planeta, siendo la primera potencia económica, con muy avanzada tecnología. Es un dato sorprendente ya que, se espera, que la infraestructura en salud esté de acuerdo con su elevada condición al igual que la capacidad de controlar la difusión de esta nueva enfermedad. Su presidente que la calificó inicialmente de “gripecita”, siente con complejo de culpa por su incapacidad en este campo y, como en la mayoría de los casos, pretende inculpar a otros.
El “chivo expiatorio” en este caso es China a la que acusa de no haber avisado a tiempo sobre este nuevo virus que se detectó por primera vez en ese país, así como de insinuar que salió de uno de sus laboratorios. Esta nueva enfermedad ha afectado a todos los Estados, al margen del nivel de desarrollo y, hasta ahora, la cifra de afectados es mayor en las grandes potencias que, en algunos casos, han demostrado insuficiencia médica y hospitalaria y, como medida para reducir la contaminación han optado por el aislamiento de los ciudadanos en sus casas con la consecuente afección económica al alterar con fuerza los centros de producción y circulación de la riqueza.
No hay elementos de juicio suficientes para conocer el origen de esta pandemia, así como para anticipar con razonable certeza la duración de las medidas preventivas. La responsabilidad inmediata radica en la eficiencia de las medidas tomadas por los gobiernos de los Estados para hacer frente a la situación. Lo razonable es que cada uno asuma sus aciertos y debilidades con honestidad. Para algunos, lo más cómodo es acusar a otros lo que, en el fondo, es una aceptación de ineficiencia inmediata. En el caso que comentamos, no debemos olvidar que están de por medio cercanas elecciones presidenciales. Esta acusación se añade a las múltiples dudosas afirmaciones del presidente norteamericano.

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