La pandemia acrecienta las barreras para personas con discapacidad│VIDEO

Había quienes vivían del día: vendían la lotería, se subían en los buses para ofrecer caramelos, caminaban alrededor de los semáforos para pedir dinero, pero hoy ya no están. Las personas con discapacidad visual han tenido que encerrarse por la COVID-19, aun a sabiendas de que, si bien están más seguros, la falta de recursos económicos para alimentarse les puede afecta.

Sin embargo, no hay más opciones. Salir hacia la calle, si antes de la pandemia ya era un problema por la manera en cómo se ha construido la ciudad ─aceras con obstáculos y destruidas, y sin espacios adaptados para quienes tienen alguna discapacidad─, ahora mismo podría convertirse en un calvario

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Y para entender ello basta con cerrar los ojos. ¿Cómo sentirse si no sabe quién respeta el distanciamiento? ¿Qué hacer si no se sabe qué está tocando? ¿Qué hacer si no sabe si la otra persona está con mascarilla?

“Al tener discapacidad visual nosotros usamos el tacto. O sea, nosotros tocamos todo. Entonces eso hace que nosotros, por ejemplo en el bus, tengamos que agarrar las barandas. No podemos mantener la distancia social, pues nosotros al no ver, no sabemos si estamos demasiado cerca de otras personas”, dice Diana Campoverde.
Las personas no videntes son uno de los grupos más vulnerables por su situación. El distanciamiento es una norma que les afecta.

Aun con un guía hay problemas, porque las personas no videntes se agarran del brazo de quien les acompaña. Y justamente esa parte del cuerpo se utiliza para taparse la boca cuando se va a estornudar

Y en esa situación hay miles de personas en Ecuador. Según el Registro Nacional de Discapacidad, en el país hay 56.570 no videntes. De este número, 3.772 están en la provincia del Azuay.

Desempleo│

Diana trabaja en ETAPA EP. Desde que se declaró el estado de emergencia sanitaria en Ecuador ella accedió a la modalidad de “teletrabajo”, y hasta el momento continúa en casa, resguardándose.

“He podido acceder al ‘teletrabajo’ y me estoy cuidando. Casi no salgo, pero tengo compañeros que la están pasando mal, porque no pueden trabajar. Tienen miedo. Nos han ayudado con canastas, pero la ayuda tiene que continuar”, dice Diana.

Algunos de sus compañeros residen en la Sociedad de No Videntes del Azuay (SONVA). Y aunque allí hay espacio para caminar y evitar el encierro total, la infraestructura no es la mejor.

A quienes tenían un trabajo informal se suman las personas con discapacidad que han sido despedidos por la crisis económica que ya tenía el país, y que la pandemia solo la agravó todavía más.

De acuerdo al seguimiento que ha realizado el Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades (Conadis), 2.708 personas con discapacidad y 130 sustitutos han sido despedidos entre el 16 de marzo y el 14 de mayo.

Solo en Azuay, 158 personas han sido desvinculadas de su trabajo, lo que representa el 5,8 % total de los despidos.

 

Audición

No solo las personas con discapacidad visual tienen complicaciones. También está la población que tiene discapacidad auditiva, que en Ecuador son 67.929 personas, según el Registro Nacional de Discapacidad.

De hecho, desde que empezaron a registrarse en marzo anterior las malas noticias ocasionadas por el COVID-19 en la televisión, el propio Gobierno de Lenín Moreno al parecer se olvidó que había personas con discapacidad auditiva.

Los primeros días, en los cuales la exdirectora del Servicio Nacional de Gestión de Riesgos, Alexandra Ocles (acusada de presunto tráfico de influencias), daba los datos de contagios con el nuevo coronavirus, no había un intérprete.

La comunidad sorda y organizaciones reclamaron al Gobierno aquella falta considerada gravísima. Días después, en las cadenas nacionales ya apareció una intérprete. No obstante, ese fue parte de un problema que es mucho mayor.

“Ahora se intenta visibilizar esos problemas que yo siento que ya había antes de la pandemia. Recuerdo que cuando recién comenzó la emergencia sanitaria, todo era un caos y había muchas dudas sobre de qué se trataba el COVID-19”, dice Jacinta Aguirre
Jacinta Aguirre ha tenido que adaptarse a las circunstancias que le impiden comprender lo que dicen las personas que usan mascarillas. Foto: Xavier Caivinagua A.

Jacinta tiene discapacidad auditiva, pero a raíz de ello aprendió a leer los labios. Antes de la pandemia, Jacinta se desenvolvía bien, y sin embargo, su vida ha cambiado, porque todos usan mascarillas.

“Sí me preocupa un poco cómo voy a lidiar con el uso de la mascarilla. Uso un implante coclear como apoyo auditivo, pero me sustento muchísimo en la lectura de los labios. Por ejemplo, cuando tengo que salir al supermercado, a la tienda o, incluso al banco, me cuesta mucho entender qué es lo que me están diciendo”, dice Jacinta.

En algunos casos, con el distanciamiento prudente, Jacinta ha pedido a las personas que se bajen la mascarilla para saber qué dicen, aun así, es complicado.

Fallecimiento

El Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades publicó una guía para la gestión inclusiva del riesgo que actualmente viven las personas con algún tipo de discapacidad. La guía se encuentra en la página web de la institución ( www.consejodiscapacidades.gov.ec) y en YouTube.

Además, desde el 2 de junio pasado están disponibles las directrices para el retorno progresivo al trabajo de las personas con discapacidad, aunque en él se hace énfasis en el resguardo de este grupo vulnerable para evitar que el virus continúe sumando víctimas mortales.

Solo hasta el 14 de mayo, según el Conadis, el nuevo coronavirus ha matado a 210 personas con discapacidad. Y hay otras 199 que fallecieron con sospecha de COVID-19. (I)

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