LA PROCLAMA INDEPENDENTISTA DEL 3 DE NOVIEMBRE DE 1820

BREVE CRONOLOGÍA

Ubicada en el corazón de la ciudad, la “Plaza Central” fue denominada en la época liberal como “Vargas Torres”, hoy “Abdón Calderón”. Sus acogedores espacios han sido escenario silencioso y confidencial de muchos acontecimientos históricos. (Foto archivo D.F.R.M.)

PROCESO INVESTIGATIVO SOBRE EL DESARROLLO HISTÓRICO DE LOS HECHOS

Por: Diego Felipe Rodríguez Muñoz

ANTECEDENTES

A tan solo un lustro de conmemorarse la primera centuria de las gestas independentistas de Cuenca, se da un hecho de trascendencia histórica local y nacional, al encontrarse en la ciudad de Quito el texto original de la primera estructura Jurídico-Política denominada “Plan de Gobierno” o “Constitución de la República de Cuenca” sancionada por los patriotas en forma inmediata a la proclama independentista. Esta Carta Patriótica”, desconocida hasta entonces, fue entregada oficialmente al Municipio de Cuenca por el investigador Celiano Monge, en 1915.

Aquello, despertó el entusiasmo cívico de autoridades y ciudadanía cuencana, conformándose un selecto grupo que investigó y analizó importante documentación relacionada como actas del Cabildo, procesos judiciales, declaraciones, correspondencia y otras evidencias físicas, que permitieron establecer en forma precisa la fecha del Primer Grito de Independencia de Cuenca. Participaron en esta investigación y análisis, entre otros ciudadanos, Alberto Muñoz Vernaza, Octavio y Alfonso Cordero Palacios, Luis Cordero Dávila, Remigio Romero y León, como cuenta Alfonso María Borrero en el segundo tomo de su obra “Cuenca en Pichincha”.

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Capitán Tomás Ordóñez Torres, considerado alma y brazo ejecutor de las gestas de Independencia de Cuenca. Sus padres, Paulino Ordóñez y Margarita Torres, ocupan lugar protagonista en el proceso emancipador de Cuenca. (Foto archivo D.F.R.M.)

AUTÉNTICO PROCESO PATRIÓTICO LIBERTARIO

Estas gestas heroicas, correspondieron, sin duda alguna, a “un auténtico proceso patriótico libertario”, cuya primera manifestación se registra el 31 de agosto de 1739, cuando se produce el lamentable asesinato de Juan de Seniergues, médico de la Misión Geodésica Francesa, quien fue atacado por un tumulto al interior de una corrida de toros llevada a cabo en la plaza de San Sebastián –fallece cuatro días después luego de una penosa agonía-.

Y si bien este triste e injustificado acontecimiento de ingrata recordación respondió a hechos aislados y personales, no obstante, provocó la exaltación y levantamiento de un populacho que vio la oportunidad para mostrar descontento y rebeldía emitiendo los primeros gritos en las calles de: abajo los gabachos”, “muera el mal gobierno”.

Un segundo acontecimiento, sería el registrado en el mes de marzo de 1795, cuando amanecen fijados en varios parajes cuencanos, “anónimos o manuscritos” que sentencian públicamente el rechazo e inconformidad hacia el sistema monárquico. Señalaron: A morir o vivir sin rey prevengamos, valeroso vecindario. Libertad queremos, y no tantos pechos y opresiones de Valle -refiriéndose al Gobernador Vallejo-”.

Sacerdote Xavier Alquino Loyola y Prieto, Párroco de Chuquipata, quien a sus 55 años de edad interviene con un papel protagónico y decisivo en las gestas Independentistas de Cuenca. (Foto archivo D.F.R.M.)

PRIMEROS MÁRTIRES POR LA CAUSA INDEPENDENTISTA

El movimiento revolucionario quiteño del 10 de agosto de 1809, influye y levanta el ánimo rebelde de algunos ciudadanos cuencanos, quienes emprenden actividades clandestinas de sublevación que descubiertos, culminaron con el apresamiento de Francisco García Calderón –Padre de Abdón Calderón Garaicoa– Joaquín Tobar, Fernando Guerrero de Salazar y Piedra, quienes emprendieron un complot cruzando correspondencia en medio de reuniones clandestinas llevadas a cabo en casa de los cónyuges Paulino Ordóñez y Margarita Torres, padres del Capitán Tomás Ordóñez Torres.

Presos y confinados a Guayaquil –primeros días de septiembre de 1809-, dos de ellos fallecen por las torturas y heridas causadas. Joaquín Tobar, en un Cuartel de Guayaquil, y Fernando Guerrero de Salazar y Piedra, al ser degollado por la mano asesina de un médico de la realeza, que lo custodiaba en una segunda travesía emprendida desde Guayaquil a Quito.

Dr. Joaquín de Salazar y Lozano -cuñado de Tomás Ordóñez-, fue designado Decano del “Senado de Justicia de Cuenca” que contempló el art. 20 del “Plan de Gobierno” promulgado por los patriotas. (Foto archivo D.F.R.M.)

EL 3 DE NOVIEMBRE DE 1820

Las quince parroquias que para 1820 pertenecían a Cuenca, tuvieron activa y directa participación en este proceso emancipador, incluidas Azogues y Cañar, ubicadas en la ruta hacía la Capital de la Audiencia. Mucho viabilizó la comunicación y correspondencia continua no solo entre sus parroquias, sino además con ciudades como Guayaquil, cuya revolución del 9 de octubre de 1820, fue conocida en Cuenca la mañana del día domingo 15 del mismo mes, lo cual avivó aquellos innatos deseos liberatorios que serían protagonizados por el Capitán Tomás Ordoñez, quien inicialmente agitó el ánimo de feligreses que salían de la misa de medio día celebraba en la Iglesia de Todos Santos, difundiendo los acontecimientos e incitando acudir a la Casa Consistorial, para proclamar la Independencia de Cuenca, hecho frenado transitoriamente por una autoridad civil que increpó y amenazó al Patriota.

Se acudiría entonces a Antonio Díaz Cruzado, Gobernador español, a quien se le solicita proclame la Independencia, bajo el ofrecimiento de mantenerlo en el cargo, propuesta aceptada que debía concretarse el primer día de noviembre de 1820. Descubierto el acuerdo, se toma preso al Gobernador, quien, sometido con grillos de pies y manos, es confinado a Quito en medio de una escolta de veinte hombres, que salió hacía la Capital de la Audiencia, en las primeras horas del 2 de noviembre.

No obstante, este piquete militar es interceptado en Cañar, cuya población liderada por el Capitán Miguel Pino y Subteniente Manuel Chica, liberan al Gobernador para retornar a Cuenca, previa agrupación en Chuquipata. Esta liberación se concreta, pese a que la escolta eludió su paso por Azogues, donde ya se temía una intervención.

Dr. Miguel Gil Malo y Peña, designado Regente del “Senado de Justicia de Cuenca”, que rigió en forma inmediata a la proclama Independentista. (Foto archivo D.F.R.M.)

GESTAS HEROICAS

La mañana del viernes 3 de noviembre de 1820, nueve patriotas liderados por el Capitán Tomás Ordóñez, asaltan y desarman a la Escolta Militar Real presente en el acto oficial de “publicación por Bando de Ordenanzas españolas”. En forma simultánea, Zenón de San Martín –escribano– y siete patriotas asaltan el Cuartel de dotación militar, hechos que se dan en medio de una lucha corta, pero efectiva que permitió adueñarse de armas y así replegarse a San Sebastián, en donde, reunidos en considerable número proclaman la libertad e Independencia de la República de Cuenca.

El Ejército Real por su parte se atrincheró en la Plaza Central y calles adyacentes, aprovisionándose de baterías de cañón, fusilería, lanzas y 109 soldados, recibiendo como contrapartida, la reubicación estratégica de los patriotas hacia el barrio de “El Vecino”, en donde se establece un Cuartel a la espera del contingente que debía llegar por su acceso norte de las parroquias vecinas –Cañar, Azogues, Chuquipata-, como efectivamente se dio el sábado 4 por la tarde, ingresando 300 ciudadanos liderados por Javier Loyola y Prieto, Cura de Chuquipata para de esta forma engrosar las filas acantonadas en el “Vecino” y hacer su ingreso victorioso a la Plaza Central, cuyo Cuartel ya había sido abandonado por los Realistas. La vía de acceso –noreste– hacía la Plaza Central fue denominada posteriormente “De la Victoria” –actual calle Antonio Borrero-.

El 15 de noviembre se sanciona el “Plan de Gobierno”, vigente hasta el 20 de diciembre de 1820, fecha en la que las tropas españolas recuperan la Plaza de Cuenca, luego de vencer a los patriotas en el sangriento combate de Verdeloma –Biblián-, emprendiéndose a partir de aquello, una despiadada campaña de persecución en contra de sus promotores, quienes en su mayoría huyen a Guayaquil. Se estableció la “Junta de Secuestros” que, al margen de toda ley y derecho, embargó propiedades, ordenó apresamientos y dispuso fusilamientos siendo por ello que, a 1821 se le denominó el «año terrible«.

El Mariscal Antonio José de Sucre permanece en Cuenca, desde el 21 de febrero hasta el 12 de abril de 1822. Parte hacia el Pichincha con 800 cuencanos (Foto archivo D.F.R.M.)

ACONTECIMIENTOS POSTERIORES

Entre 1821 y 1822, Cuenca se convirtió en centro de operaciones militares sucesivas por parte de realista y patriotas. Las gestas patrióticas de Guayaquil y Cuenca fueron conocidas por Bolívar, quien las consideró oportunas para anexarlas a la Gran Colombia y así “redondear”, como lo decía, los territorios de la República. En marzo de 1821, llegó Sucre a Guayaquil, pero no consiguió de la Junta dicha anexión, pese a que ésta aceptó la protección del Libertador.

Bajo este escenario, en los primeros días de julio de 1821, con la intensión de impedir el avance a Quito de un Ejército cada vez más robusto y disciplinado a órdenes de Sucre, el Coronel Francisco González, Jefe Realista Militar de Cuenca, parte hacia Riobamba dejando encargada la Plaza de Cuenca al Capitán Agustín Agualongo, situación considerada oportuna para la población cuencana, que ve con esperanza el retomar su independencia. Se planifica un nuevo complot, tomando contacto con los próceres que se refugiaron en Guayaquil, a quienes hacen conocer los acontecimientos.

Será entonces cuando, en los primeros días de septiembre de 1821, Sucre envía desde Guayaquil a Cuenca, un piquete de tropas al mando del Mayor Francisco María de Frías, quien, acompañado de Tomás Ordoñez, avanzan por la travesía Naranjal-Pucará, bajo la consigna de establecer la situación real de la Plaza, el número de soldados combatientes, y si González había salido o no con su Ejército hacia Riobamba.

Ya cerca de Cuenca, la columna de Frías hace creer al jefe encargado, que es el mismo Ejército de Sucre el que avanza a la Plaza, provocando una estrepitosa y bochornosa retirada realista que acaece el 19 de septiembre de 1821, permitiendo al Republicano Frías, entre y se tome la Plaza de Cuenca por el lapso de un solo día ante el inmediato retorno del realista Agualongo, quien desvanece la valiosa posibilidad de sellar la Independencia en esta inusitada fecha.

SE SELLA LA INDEPENDENCIA

La entrada victoriosa del Mariscal Sucre a Cuenca, el 21 de febrero de 1822, sella definitivamente este proceso independentista. Su Ejército conformado por 22.000 soldados no tuvo resistencia alguna, ante la huida definitiva del Ejército español. Se consagra la Independencia con una misa solemne de gracia, súplica y petición celebrada en la Catedral Vieja, en cuyo interior se postró el ilustre huésped junto a Santa Cruz, el General Morales, Hermógenes Masa, Urdaneta, General Heres; y los cuencanos Tomás Ordoñez, Vicente Toledo, Vargas Machuca y Abdón Calderón Garaicoa, entre otros.

Se consolida así una independencia como fruto de un auténtico engranaje patriótico en donde los sentimientos de libertad se propagaron con inusitada rapidez pese a las circunstancias de la época y gracias a la intangibilidad de las ideas que a diferencia de quienes la pregonan, no mueren ni se desvanecen por más fronteras sean impuestas por el hombre.