De cara a las elecciones

Luis Muñoz Muñoz

En éstos días las estrategias de campaña electoral no sorprenden, desafiar a debates o rehuirlos, siempre depende de cálculos hechos con encuestas en mano, que como agoreros, les aseguran el triunfo o al menos  hacen una llamativa y artificiosa propaganda, sobre el candidato que más paga a la encuestadora, quienes consultan la bola de cristal  para aventurarse a decir  cuál  es la inclinación  popular, por tal o cual candidato, pero  no hay una  verdad  ni siquiera subjetiva,  que realmente se aproxime a  los resultados en las urnas a la hora de la verdad. Las elecciones son un tipo de ajedrez, donde hay que anticiparse al movimiento del rival, atacar sus flancos débiles y tapar los propios, mientras que las definiciones ideológicas son secundarias, en esta actitud, todos los candidatos o casi todos descienden al plano del insulto burdo, procaz, recurren al invento, a la mentira y la calumnia y no les importa atropellar principios para lograr sus perversos fines. Esta es la forma de hacer política en la actualidad, lejos del debate consciente, la palabra razonada, los objetivos claros propuestos con lógica, ya no se practica el discurso elocuente, cargado de una gran dosis de verdad, sino se inclinan los candidatos por la demagogia y el populismo. Nadie señala con claridad, contundencia, precisión, como se va a solucionar el desempleo, la agudización de la crisis y la percepción creciente de un gran despilfarro en los fondos gubernamentales, que han pasado al primer lugar de las preocupaciones del electorado, que no encuentran respuesta ni en los candidatos de izquierda ni de derecha, solo pronunciamientos líricos  que no convencen a nadie, porque el mismo discurso se lo viene pronunciando desde hace más de dos décadas, pero en la práctica han sido espejismos, que finalmente concluyen  en ofertas  incumplidas y la insatisfacción  de los  electores una vez más engañados. (O)