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Propósitos

EDITORIAL | Hay fechas en la existencia humana que nos invitan a reflexiones internas y a decisiones que debemos tomar para corregir errores y afianzar aciertos. El inicio de un año calendario es quizás la más generalizada por su efecto universal. Con mayor o menor profundidad retornamos al pasado cercano, el año que termina y evaluamos nuestros aciertos y desaciertos, el resultado de proyectos con la inquietud de que debemos cambiar algunos aspectos de nuestras vidas. La perfección es una meta a la que podemos acercarnos, aunque, nunca lograrla plenamente. La mayor imperfección es creerse perfectos. Tenemos la posibilidad de hacernos en el tiempo y sentirnos responsables de nuestras vidas.

El inicio del año nos traslada del pasado al futuro, de lo hecho a lo que debemos hacer, a qué y cómo debemos cambiar. Es el día o la semana de los propósitos, esto es, de la intención de incorporar a nuestras existencias cambios que los consideramos positivos para mejorar la calidad de vida y los caminos que debemos seguir para que estas ideas se transformen en realidades. “Por naturaleza el ser humano busca la felicidad”, escribió Aristóteles hace algunos miles de años y en todos, de diversas maneras, este pensamiento está vigente ya que es casi imposible que haya alguna persona que quiera cambiar para hacerse daño.

“Del dicho al hecho hay mucho trecho”, dice un viejo refrán. Los propósitos que nos hacemos deben ser realistas para no disolvernos en el universo fantasioso de las ilusiones y, además, deben estar acompañados de valoración adecuada de nuestra fuerza de voluntad para lograr los objetivos y de las circunstancias en las que se desarrollan nuestras existencias. Con optimismo, creemos en el predominio de lo positivo en la existencia individual y colectiva y que en la mayor parte de los casos los propósitos son realizables. Importa que estos se mantengan más allá de la euforia del año nuevo y se integren a nuestro comportamiento cotidiano. (O)

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