Prevenir y remediar

OPINIÓN | Hay hechos totalmente impredecibles que ocurren inesperadamente como un terremoto, sin que las instituciones ni personas estén preparadas para sus consecuencias; y, otros, que se dan con relativa regularidad y dependen de cambios ambientales influidos por fenómenos climáticos. A veces, según regiones y países, se pueden establecer normas para evitar daños mayores como ocurre con disposiciones de construcción para edificios, pero, lo usual, es que, de producirse, las instituciones públicas y privadas deben tomar medidas, a veces, improvisando o recurrir a las instituciones o países que prestan algún tipo de auxilio económico o asistencial.

En nuestro país, la intensidad del invierno, sobre todo en la costa, es un fenómeno dado y es más eventual que lo deseado que tengan lugar inundaciones y trastornos similares. En el denominado fenómeno de El Niño que afecta buena parte de la costa del Pacífico en América, los daños son más fuertes. Con cierta regularidad, cada año ocurren estos trastornos que afectan a centros urbanos de diverso tamaño con daños a familias necesitadas o se echan a perder sembríos, resultado intenso trabajo. Muy difícil es controlar el clima, pero, sí preparar infraestructuras para hacer frente a los daños.

Un viejo aserto dice que: “más vale prevenir que tener que remediar”, lo que es aplicable a este tipo de variaciones naturales. El resultado de estas inversiones es incierto y no tienen la certeza inmediata de carreteras o plantas de tratamiento de agua potable y hay alguna dosis de incertidumbre en la justificación de gastos. Vivimos en entornos naturales diversos y la existencia humana requiere adaptarse a ellos, aprovechar sus condiciones positivas y defenderse frente a efectos negativos. Gobernar en cuanto realizar obras y prestar servicios requiere una visión de futuro, ya que el inmediatismo no siempre es oportuno. En el caso que comentamos algo se ha hecho en prevención, pero, queda mucho por hacer. (O)

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