No quedará la “mesa servida”

El próximo gobierno no recibirá del todo la “mesa servida”. Esta expresión fue acuñada para referirse a una economía saneada y para el despegue sin mayores problemas.

Esta revelación la hace el ministro de Economía y Finanzas, Mauricio Pozo. Sin duda alguna es un sinceramiento para no generar expectativas, contrario a las que dejó el gobierno anterior.

Ha sido una constante en la política ecuatoriana, que tras el cambio de gobierno el sucesor se topa con un panorama financiero casi en bancarrota.

Además, no ha habido continuidad en las políticas económicas. Todo ha dependido de si quien gobierna es partidario del liberalismo económico, que permite las iniciativas e inversiones privadas, el aperturismo; o aúpa el control a rajatabla del Estado, que se vuelve poderoso.

El ministro expresa que el país quedará en orden financiero, si bien la deuda se acerca a los 70 mil millones de dólares, 15 mil millones más que en 2017.  Aún así, estima que la situación es “bastante mejor” respecto a la de hace cuatro años.

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Considera que la economía está “en franco proceso de recuperación, con los indicadores principales estables, con mejor imagen internacional y convenios externos”.

Sin duda, la pandemia resultó un golpe bajo para la economía del país. El alivio para cerrar la brecha fiscal vino del apoyo los multilaterales, de la renegociación con los tenedores de bonos. Según el ministro, el próximo gobernante tendrá un primer año casi sin compromisos y los tres más con una “deuda manejable”.

Empero, durante la transición que ya prepara el actual régimen se sabrá -eso lo espera el país- la realidad. Esperemos que no se maquillen las cifras, como ha sido lo habitual.

Al final de la campaña los dos candidatos finalistas han ofrecido de todo. No todas viables por su puesto. Por eso, el ministro Pozo les advierte que las primeras obligaciones internas que en materia económica deberán cumplir en los primeros días de mayo, al uno o al otro, les “volverá más pragmáticos”, “más realistas”.

De allí que un buen paso es reconocer que no “habrá la mesa servida”.