EL GENERAL SUCRE Y LA PLAZA DE CUENCA EN SU RUTA AL PICHINCHA

LUIS GUILLERMO RODRIGUEZ REYES

Retratos de Libertador y el más leal de sus Generales. Antonio José de Sucre nace en Cumaná-Venezuela el 3 de febrero de 1795, y fallece asesinado en las montañas de Berruecos, el 4 de junio de 1830. (Foto archivo DFRM).

ANTECEDENTES

El triunfo en Yaguachi del 19 de agosto de 1821 colmó de tal entusiasmo al ejército Gran Colombiano que poco tiempo después se dispuso la salida del “Batallón Guayaquil” para ocupar y defender la Plaza de Cuenca. Motivos de fuerza mayor llevaron a que este “Batallón”, integrado en su mayoría por oficiales guayaquileños al mando del Coronel Santiago Luco, avance únicamente hasta Balao para luego continuar una sola “columna” integrada en su mayoría por cuencanos al mando del Sargento Mayor Francisco María Frias; “columna que ascendió a Cuenca por el Valle de Yunguilla para entrar en la ciudad, el 20 de septiembre de 1821, sin que exista resistencia alguna por cuanto las tropas realistas, alertadas del avance de todo un “Batallón”, abandonaron la Plaza rumbo al norte.

Esta valiente “columna” de patriotas estuvo conformada, entre otros, por Tomás Ordoñez, Juan Monroy, José Moscoso, Felipe Serrano, Manuel Coronel y Manuel Chica y Ramos, quienes ocuparon la Plaza por un solo día ya que en forma inmediata de informadas las tropas españolas de que se trataba de una sola “Columna” y más aún, un escaso número de soldados, retornaron bajo las órdenes del Capitán Agustín Agualongo, quien recuperó la ciudad luego de un muy ligero y esporádico enfrentamiento.

Fue así de efímero este segundo intento de independencia en el que, la Aurora de la Libertad se mantendría a la espera de una nueva y definitiva oportunidad.

Durante su estadía en Cuenca, Sucre exigió más disciplina de su tropa. Dictó un Decreto para frenar abusos por parte de los soldados mercenarios que vinieron desde Perú implementando como castigos 200 palazos o la muerte, si se tomaban objetos de hasta un real, o mayores a un peso, respectivamente. (Foto archivo DFRM).

LA BATALLA DE HUACHI COMO ANTECEDENTE EN LA GESTA DEL PICHINCHA

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Y si bien la batalla de Huachi del 12 de septiembre de 1821, se mostró adversa a las ya extensas ejecutorias del General Sucre, sería esta la que se constituiría en premonición confidente de una visionaria carrera en la que, efectivamente, la hora más negra es la más cercana a la aurora. Este combate provocó ciertamente 800 bajas, la prisión de cuarenta patriotas, incluido el General Mires, y la pérdida de casi todo el armamento del Gran General; derrota que se dio pese a que los realistas perdieron más de 1000 hombres, entre ellos, el sanguinario Coronel Puyol, quien sembró terror y miedo en las comarcas de Ambato y Riobamba.

El mismo General Sucre sufrió una herida superficial en su mano izquierda y una leve contusión en uno de sus pies no obstante de llegar salvo a Guayaquil, en donde profundamente abatido y consternado por los resultados adversos, mantuvo indeclinable sus ideales y principios emancipadores y de lealtad hacia el Libertador, haciendo visible y exteriorizando en medio del dolor aquel espíritu y voluntad férrea, combativa y visionaria, como así lo demuestra la carta escrita desde Babahoyo a Santander: “…Babahoyo, 18 de septiembre de 1821.- Mi amado amigo…Todo, todo, o al menos lo que yo llamaba la división se ha perdido; mis amigos y mis compañeros, todo lo he perdido…Con el resto que tengo voy a defender la provincia, y a todo trance será la base de nuestra operación sobre Quito…”.

Inclaudicable en su empeño de cumplir en los mejores términos el encargo hecho por el Libertador, encamina de inmediato la “Campaña del Pichincha” trazando significativas estrategias como la de emprender su marcha sobre la Plaza de Cuenca a la que consideró ciudad transcendental para interceptar la comunicación entre Quito y Lima e impedir la llegada de refuerzos que los realistas esperaban desde Pasto; considerando además a esta ciudad como escenario vital para recibir recursos y engrosar su cada vez más nutrido ejército libertador. Al respecto escribe a Santander: “…Este punto debe ser Cuenca porqué es el que nos dará recursos, es el más defendible, …, y es el único en el cual cuento con la cooperación de la columna de Piura, que con un fuerte de 1.000 hombres da mucha esperanza…”. Señala, además: “…No sé cómo tomará U. el movimiento que intento a Cuenca; pero yo lo considero necesario y preciso: … por tanto las órdenes de U., buenas o malas sobre mi empresa, vayan a encontrarme en Cuenca…. Está ya conmigo su amigo Borrero (don Eusebio) y lo tengo de secretario…- Sucre”.

La coordinación, directrices generales y disposiciones emanadas por el Gran Libertador y que eran ejecutadas paulatinamente por el General Sucre, se mantenían ágiles, constantes y fluidas a todo nivel, mostrando aquel indeclinable e incontenible anhelo emancipador y Gran Colombiano. Así se desprende de su carta dirigida por Bolívar a Santander: “…Trujillo, agosto 23 de 1821.- Mi querido General. – …Se necesita de nuevos sacrificios, amigo, para reunir las tres hermanas de Colombia…Por lo mismo debo ir allá con un ejército…». “…La hermana menor no debe marchitar los laureles de las dos primeras primogénitas…- Simón Bolívar”.

La memorable «Casona de Gobierno» fue despacho de Gobernadores realistas recibiendo a Sucre en 1822 (por cuyo motivo la calle en donde estuvo ubicada lleva su nombre). En algún momento se estableció el cuartel «Abdón Calderón», y posteriormente la Cárcel de la ciudad. (Foto archivo DFRM).

EL GENERAL SUCRE RUMBO A CUENCA

El 26 de enero de 1822, trazada por Sucre en forma clara y precisa sus estrategias, sale desde Guayaquil rumbo a Cuenca, manteniendo previsto el encuentro e incorporación de una División de 1.000 soldados enviados por San Martín desde el Perú, División conformada por chilenos, argentinos y peruanos que siguieron la ruta Piura-Loja para finalmente unirse en Saraguro al ya robusto ejercito del Comandante General, quien a su vez, ascendió de la costa a la sierra por la ruta Guayaquil-Machala-Saraguro. Aquello permitió, finalmente, que todo este gran ejército se acantone en Oña, en donde se afinaron los últimos detalles para hacer su ingreso a Cuenca.

Ciudadanos oriundos de la sierra y costa, especialmente de Guayaquil, conformaron el “Batallón Yaguachi”, participando, adicionalmente, disidentes españoles y tropas venezolanas y colombianas enviadas por Bolívar, así como ciudadanos irlandeses, franceses e ingleses que formaron el “Batallón Albión”; estructurándose un ejercitó que a la fecha ya contaba con los Batallones: “Yagauachí”, “Albión”, “Popayán” o “Paya”; y “Magdalena”.

Unida y fortalecida la División al mando del General de Brigada Antonio José de Sucre, encargado, además, del Departamento de Quito, ingresan en forma imponente a Cuenca, el 21 de febrero de 1822, lo cual permitió, adicionalmente, sellar y consolidar en forma definitiva la independencia de la ciudad. Ya lo narraría Tomás de Héres, en una de sus cartas: “… Los enemigos abandonaron Cuenca sin combatir y se retiraron a Riobamba, y la división unida entró a esta ciudad, el 21 de febrero de 1822. Aquí (Cuenca) descansó, se vistió lo mejor posible, se aumentó, y también se consiguieron muchas y buenas bestias, y el dinero suficiente para pagar lo que se debía y llevar algunas cantidades en cajas.- Tomás de Heres, Cuenca, 22 de febrero de 1822.

Abdón Senón Calderón Garaicoa, nace en Cuenca, el 31 de julio de 1804. Lucha por la independencia de Guayaquil, y combate contra las tropas realistas en “Camino Real”, “Huachi”, “Tinizagua”, “Yaguachi”, “Tapi”. Fallece a los 18 años de edad luego de participar en las gestas del Pichincha. (Foto archivo DFRM)

LA REACCIÓN DEL PUEBLO CUENCANO ANTE LA LLEGADA DE SUCRE

En forma inmediata dispuso el Cabildo de Cuenca la iluminación de todas las calles de la pequeña ciudad y al día siguiente, el 22, se celebró una misa Te Deum Solemne de gracia, súplica y petición en la Catedral Vieja, en cuyo interior se postró el ilustre huésped junto a un gran número de patriotas, entre ellos, Santa Cruz, el General Morales, Hermógenes Masa, Urdaneta, Lavalle; los cuencanos Tomás Ordoñez, Vicente Toledo, Joaquín Crespo, José Moscoso, Vargas Machuca; y, Abdón Zenón Calderón Garaicoa.

Las bases jurídicas y sociales implementadas y establecidas durante los 50 días de permanencia en Cuenca, lejos de quedarse en el pasado, hoy se mantienen profundamente fortalecidas. Así, el 24 de febrero, todos los miembros del cabildo, gremios y corporaciones lo visitan en su casa de alojamiento ubicada frente a la plaza central, hoy calle Sucre, vieja Casona de Gobierno -parte del actual edificio Municipal, emitiendo ese mismo día Sucre su primer Decreto. El 27 de febrero, crea la Junta de Auxilios para proveer la subsistencia de la División Libertadora, y libera de impuestos la elaboración y venta de aguardiente establecida por el gobierno español (supresión de estanco aguardiente). El 10 de marzo expide Decreto mediante el cual, crea un Cuerpo de Milicias Nacionales con un Batallón de Infantería, y dos Escuadrones de Caballería (se constituye el primer antecedente de este Cuerpo Colegiado en los actuales territorios del Ecuador), disponiendo la elaboración de sus reglamentos. Abolió y condonó pesados y gravados tributos que pesaban sobre los Indígenas.

Mediante la expedición del célebre Decreto del 20 de marzo de 1822, establece la Primera Corte de Justicia del Distrito del Sur de Colombia, hoy República del Ecuador, posesionando personalmente, el 26 del mismo mes, a sus Ministros.

Sucre conformó un ejército republicano con alrededor de 3.100 efectivos que se llenaron de gloria en las faldas del Pichincha. Fue una auténtica legión internacional con ciudadanos de la sierra, costa y de lo que hoy es Bolivia, Perú, Chile, Argentina y otras naciones de América y Europa. (Foto archivo DFRM)

EL 12 DE ABRIL DE 1822, SU PARTIDA HACIA EL PICHINCHA

Sin duda Sucre mantuvo especial deferencias sobre esta hospitalaria ciudad que ya registraba sacrificio, sangre derramada y acciones objetivas a favor de la causa independentista Regional, como lo fueron las muertes, en 1809, de Joaquín Tobar, y Fernando Salazar y Piedra, quienes, no obstante, de otras afirmaciones o falta de interés en rescatar los hechos, fallecieron, torturado y degollado, respectivamente. El texto anónimo que circuló muchos años antes en la ciudad, también es decidor: “A morir o vivir sin el Rey prevengámonos, valeroso vecindario. Si libertad queremos, y no tantos pechos y opresiones del Valle” (Refiriéndose al Gobernador Vallejo). La conformación del “Senado de Justicia” con las gestas del 3 de noviembre de 1820, debieron llamar profundamente su atención.

Su partida hacia el Pichincha el 12 de abril de 1822 quedaría entrelazada e impregnada en los sentimientos más profundo de un pueblo cuencano que entre júbilo, esperanza y hasta llanto lo despidieron acompañándole hasta el “Rollo” del “Vecino”, salida principal hacia la ciudad de Quito. Cuenca y sus parroquias contribuyeron a la causa independentista con el aporte de 800 ciudadanos que fueron a combatir en Pichincha. Digno de rescatar es el aporte ciudadano ofrecido por las parroquias, para entonces cuencanas como lo fueron Cañar, Azogues y Gualaceo que reclutaron cien ciudadanos cada una.

¡…PICHINCHA…!  Fiel espacio en el tiempo cual cimentada fortaleza en la historia. ¡Firme… Imponente…! Tu nombre que ensalzó a Sucre, fuel laurel que coronó a Bolívar.