¡Peor que un terremoto!

Juan F. Castanier Muñoz

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El indulto y la amnistía son figuras constitucionales a través de las cuales se puede perdonar, suspender o eliminar parcial o totalmente los efectos de una sentencia judicial y cuya aplicación corresponde al presidente de la república o a la Asamblea Nacional. Por supuesto que la disposición respectiva establece muy claramente los casos en que, tanto el indulto como la amnistía, pueden ser aplicados.

La semana pasada, el asambleísta electo por el Guayas y del movimiento CREO, Francisco Jiménez, afirmó que la organización oficialista está analizando un posible indulto a los funcionarios del gobierno de Rafael Correa a cambio de los votos que se necesiten en la Asamblea Nacional para alcanzar la gobernabilidad. Ha dicho también: “a nosotros lo que nos motiva es la estabilidad y la paz del Ecuador y tampoco vamos a romper la ley, por eso vamos a revisar el proceso desde el punto de vista jurídico y luego determinar si la estabilidad política amerita ese tipo de decisiones”. En otras palabras, y según esta esperpéntica declaración, si se cree necesario, habrá que poner libres a toda la jorga de presos y fugados que se festinaron dineros ajenos. ¡Que poco auspicioso el debut parlamentario de este asambleísta!, ¿dónde estuvieron sus asesores mientras se “cocinaba” semejante declaración, cuando su líder, Guillermo Lasso, había sostenido absolutamente lo contrario sobre el tema en sus ofertas electorales?

La gobernabilidad es importante para conducir una nación, pero de ahí, a creer que para lograrla hay que atropellar cualquier principio ético, cualquier valor moral o cualquier disposición legal, existe una abismal distancia. Justamente el límite para un acuerdo político, para un pacto partidista, es aquel marcado por la buena fe y la transparencia. Guillermo Lasso representa para sus electores actitudes serias, responsables, marca de cambio en las conductas políticas, compromiso con la honestidad, pero parece que Jiménez estuvo dormido en esta parte de la capacitación y, como reza aquel viejo y sabio adagio popular, “lo que hace un tonto, no hace un terremoto”. ¡Esperemos que de ahí no pase! (O)

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