Un tesoro para la vida

Eduardo Sánchez Sánchez

El agua es la esencia para la vida; su disponibilidad planetaria es de 1.360 millones de Km3. El 97,5% es agua salada de los mares, es decir, que disponemos nominalmente del 2,5%, es decir, 35 millones de Km cúbicos. La mayor parte de agua está en la Antártida y ello significa que su disponibilidad para uso humano se restringe más aún, a cifras como 0,05% que está en depósitos subterráneos y el 0,01% en ríos y lagos. Solo el 0,007% del total es potable (apta para consumo humano) y aceleradamente disminuye por contaminación, hecho que afecta a más del 40% de la población; cada día mueren no menos de mil niños por enfermedades prevenibles como diarrea y parasitosis. Pese a ser un derecho, es un recurso escaso y en decadencia, cuya falta genera inequidades en todos los órdenes.

El oro azul es insustituible en todo proceso biológico natural, industrial, actividades humanas, hidroelectricidad, agricultura, etc.; de tal suerte, que el mundo se ve abocado a una crisis sin precedentes si no tomamos medidas de respeto por el noble recurso. Vale citar: de qué sirve un referéndum que impulse el respeto por las génesis hídricas de paramo, si los ríos son polucionados por ausencia de ética en el respeto del noble recurso en complicidad de autoridades. Es bueno mirar el ejemplar manejo del río Machángara y qué sucede con él a nivel del parque industrial, camal y más acciones antrópicas. El manejo responsable del recurso posibilitará un desarrollo sustentable y la garantía para nuestra descendencia en esta urbe sin par o habrá verdadera desesperación ocasionada por el llamado estrés hídrico, mayor demanda que la disponibilidad y, más aún, cuando la explosión demográfica para mitad del siglo XXI, el cantón Cuenca contará con más de un millón de habitantes.  A prevenir, antes que lamentar. (O)

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