Democracia pacífica

Sin prepotencias y agresividades, en el último proceso electoral ha primado la tranquilidad y los excesos verbales de los candidatos, de manera especial en la segunda vuelta, han disminuido notablemente. Tenemos la impresión de que la ciudadanía, en el campo de la política, se ha habituado a este sistema, sin que no esté sujeto a limitaciones y falencias ya que los seres humanos no somos perfectos. Es saludable que esto ocurra y que haya quedado para la historia, la agresividad y violencia física en campañas electorales de hace varias décadas, en las que casi siempre había personas muertas por enfrentamientos entre partidarios de diversos bandos.

Terminados los comicios, el candidato perdedor aceptó pronto su derrota y felicitó al triunfador, habiendo desaparecidos los típicos reclamos por supuestos fraudes que por varios días mantenían la tensión ciudadana. Entre el actual presidente y el próximo ha habido reuniones cordiales para que la transición, que en algunos días tendrá lugar, se realice civilizadamente gestando la imagen de que, tanto en el saliente como en el entrante, los intereses del país están por encima de vanidades y culto a las imágenes. No es fácil establecer en qué medida han influido en este proceso la dura crisis económica que vivimos y los efectos negativos que en todo el mundo ha generado la pandemia, enemigo al que hay que combatir superando legítimas diferencias ideológicas y aspiraciones.

No es fácil emitir un criterio sólido, sobre cómo el actual presidente ha conducido al país; deberá transcurrir algún tiempo para juicios liberados de pasiones. Lo real es que estos cuatro años ha habido pleno respeto a la libertad de prensa, con desaparición el insulto. Único medio de expresión del antecesor. Que las más altas autoridades anteriores estén presas o prófugas, testimonian que se ha combatido la corrupción, aunque no en forma suficiente. El nuevo mandatario asumirá el poder en condiciones difíciles con un implacable enemigo: la COVID-19. Sus proyectos son satisfactorios, pero hay que esperar hechos reales.

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