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La deserción escolar

La deserción escolar en Ecuador a causa de la pandemia es una realidad. Afecta a los estratos sociales más pobres, donde la prioridad es comer.

Según reportes de los medios de comunicación, unos 135 mil alumnos están en riesgo de abandonar sus estudios.

De hecho, los que ya desertaron durante el primer año de la pandemia son parte de la estadística aún no revelada, o revelada a medias.

El poco acceso al internet y los costos que este servicio representa para esas familias, en las que un solo teléfono celular sirve para dos o más tres educandos, llevan a que pierdan el interés y, en varios casos, hasta induzcan a la deserción.

Pensar que esos hogares, en los que la sobrevivencia es tarea del día a día, adquieran una computadora o una tableta es ignorar su cruda realidad.

La pandemia forzó a la educación digital, para la que no estaban preparados, con las excepciones de rigor, ni estudiantes ni profesores. Además, reafirmó la enorme brecha digital que aún hay en el país.

Un reportaje publicado por El Mercurio este 5 de mayo de 2021, da cuenta, por ejemplo, de la realidad educativa que se vive en Chaucha, la parroquia rural más lejana del cantón Cuenca.

Las clases virtuales, a más de ser a medias por los problemas tecnológicos, que incluyen la escasa conectividad y los costos, han hecho que los padres de familia, las autoridades, los profesores, ni se diga los estudiantes, extrañen las clases presenciales, en las que se produce la interacción social y educativa.

En esa parroquia, el 92,70 % de los algo más de 1600 que la habitan son pobres. No tienen las suficientes destrezas como para acompañar a sus hijos en las tareas digitales, ni son “amigables” con la tecnología.

Sin embargo, la colaboración de otras personas ha hecho posible capear tan compleja situación.

En tal contexto, la calidad de la educación en el país, sin duda deja mucho que desear. Volver a las clases presenciales es un imperativo para el nuevo gobierno, siempre y cuando las condiciones sanitarias lo permitan.

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