Sembrar, contener, cuidar

Claudia Acosta A.

Con casi 50 años, los hijos grandes, con el tiempo y la pausa obligada, no ha quedado de otra que revisar el camino andado, lo aprendido, lo que ha costado, lo disfrutado, lo sembrado…  la siembra ha sido una de las actividades descubiertas este último tiempo, el contacto con la tierra, insertar la semilla en ésta, ver cómo va brotando, le crecen sus primeras hojas y luego esas semillas tan parecidas todas,  se convierten en algo tan diferente unas de otras: unas son remolachas, otras zanahorias, rábanos o lechugas; sí,  este proceso me ha maravillado y me ha enseñado tanto, me ha hecho por ejemplo, mucho más grata y cuidadosa con el alimento, ahora me doy cuenta de que detrás de cada bocado que llega a mí,  hay un proceso que toma tiempo, atención y cuidado; he aprendido a ver la belleza que encierra lo simple y natural, las plantitas que crecen así sin más, nadie les ha sembrado, muchas de éstas con propiedades sanadoras y aromáticas;  las flores moradas de la albahaca, las pequeñas flores amarillas de la ruda, plantas mágicas y curativas y es que la experiencia de un “jardín comestible” conlleva todos los sentidos: colores, aromas, sabores, texturas, sonidos.

Y así entre siembra y siembra,  muchas cosas se me han aclarado, otras tantas se han afirmado, he desarrollado y fortalecido la paciencia; esperar el tiempo necesario, dejar que la naturaleza obre, que siga su curso; la confianza en que sí, ¡algo va a brotar de ahí!, no necesito revisarlo todo el tiempo, escarbar la tierra para ver si está naciendo, confiar en mi siembra y dejar que ésta crezca; la generosidad de la madre tierra, todo nace en ella, todo crece en ella, todo viene de ella; el valor del “esfuerzo gozoso” (que dicen los tibetanos), la constancia, la firmeza, la permanencia, aprender a quedarme, no abandonar la atención ni el cuidado de aquello que muchas veces nadie más ve…

Y en este sembrar, he podido observar que ya hace tiempo que lo vengo haciendo, que me encanta hacerlo, que he sembrado ideas, palabras, proyectos, sueños, sonrisas, ¡semillas y muchas!

Y claro el aprendizaje no queda en la siembra, continua con el cuidado a lo sembrado, las semillas necesitan ser contenidas y atendidas, esto ahora lo puedo lógicamente plantear, instintivamente lo aprendí hace más de 20 años ya…

cuando me convertí en mamá! (O)

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