La selección

Ana Abad R.

La tristeza, el desasosiego y la decepción entre los hinchas de la “tricolor” por la pérdida del equipo de “todos”, porque los “guerreros de la cancha dejaron todo por el país” y no lograron obtener tres valiosos puntos para llegar al Mundial de Qatar, porque si en algún momento llegamos a ser una sola voz, un grito unísono para clamar con alma, vida y corazón “si se puede” ahora las realidades nos vienen cuesta arriba y aunque “toca seguir apoyando a la tri”, más allá de los resultados, estos ciento ochenta minutos de juego apostamos a convertirlos en fuente de esperanza, en un shot de endorfinas para “aguantar la realidad del país” porque si algo puede suavizar la dureza del desempleo, el confinamiento –con todas las viejas y nuevas taras sociales que ha desatado– y la muerte de familiares, amigos y conocidos por la Covid19 son los logros deportivos porque “solo los deportistas no nos decepcionan, a pesar de que algunosson tentados por los partidos”, como dice don Mario, en la tienda del barrio. El juego permite alegrarnos y, al menos, por un momento tiene la capacidad de dispersar preocupaciones familiares y sociales; sin embargo, puede ser usado y convertirse en “circo para el pueblo”. (O)

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