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Inti – Pacha

Claudio Malo González

OPINIÓN | Aunque la ciencia ficción nos muestra seres super inteligentes en imaginarios planetas, hasta lo que sabemos, nuestra tierra es el único lugar con seres de la especie animal capaces de pensar y desarrollar creatividad. La curiosidad, dijo Platón, es la madre de la sabiduría que incluye la mitología.  Al margen de la ciencia, se crea entes imaginarios de múltiples niveles para explicar nuestras existencias. La diversidad cultural ha gestado muchos entes imaginarios, con poderes, que sobrepasan nuestras “limitaciones”.

El sol da lugar a la luz y la obscuridad y ese poder lumínico lleva a pensar que se trata de un ser superior que posibilita la vida. Como no se ha inventado la posibilidad de vivir sin comer, la tierra, con inaudita generosidad, nos regala alimentos con poderes que nos sobrepasan. En el mundo, sol y tierra han sido considerados divinidades a las que hay que rendir culto. Al margen de la astronomía, los mitos son parte de nuestra realidad y, en lugar de menospreciarlos como algunos proponen, hay que respetarlos como componentes de la creatividad diversa que conforman las múltiples culturas.

Los habitantes andinos, antes de la llegada de los europeos, en su cosmovisión exaltaban el poder y generosidad del sol y la tierra: Inti y Pachamama. En una fecha como hoy del solsticio de verano, realizaban muy ricos actos ceremoniales para agradecer a estas divinidades que posibilitaban la vida. Con una visión cerrada, los españoles las condenaron por idolatrías “incivilizadas”.

Satisface la reactivación de estos ceremoniales que nos recuerdan la herencia de una visión del pasado de la cosmovisión andina. El respeto a la diversidad es el humanismo de este siglo y milenio. Al pasado no cabe condenarlo, hay que rescatarlo. (O)

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