¡Traición a la patria!

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En todos los países del mundo civilizado, la traición a la patria es uno de los delitos más vergonzosos y muchos de los que han incurrido en él han sido sancionados con las penas más fuertes, incluida la de muerte. La lealtad, entrega y amor a la patria se considera una vinculación afectiva inherente a la ciudadanía y en situaciones extremas, como guerras, dar la vida por ella es una obligación moral y los que lo han hecho adquieren la categoría de héroes. Ser parte de un país es integrar una colectividad con beneficios en la organización colectiva en la que prima el bien común. Hay derechos, pero también deberes de diversa índole.

Daniel Ortega, una de las “estrellas” del socialismo del siglo XXI, en Nicaragua, en su afán de perpetuarse en el poder, aspira por séptima ocasión a la presidencia, mediante una caricatura de elecciones. Para garantizar su “triunfo” ha encarcelado a cinco candidatos por “traición a la patria”. Al controlar su gobierno todos los poderes, su condición de dictador se “legitima”. Mediante una serie de leguleyadas ha hecho que traición a la patria sea cualquier actitud o manifestación de pensamiento que no coincida con la suya, como si patria fuera su persona y maquinaria dictatorial que maneja.

Identificar democracia con elecciones “libres” es caricaturizar un sistema de organización política que se considera, en frase de Churchill, el peor de los sistemas a excepción de los que se han intentado introducir como alternativa. Esencial a su funcionamiento es la división de poderes para, además de limitar, la concentración en una persona como en las monarquías absolutas, posibilitar un control del ejecutivo y un respeto a la libertad de pensamiento. Al controlar su “partido” el legislativo ha hecho leyes a su antojo para perseguir a los que no piensan como él son traidores a la patria. El socialismo del siglo XXI pretende “legitimar” las dictaduras con caricaturescas elecciones libres al estilo Maduro.

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