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Peligrosas variantes del COVID

Si bien en Ecuador y en los demás países del orbe la vacunación contra el COVID-19 avanza según el número de dosis adquiridas por sus gobiernos, aunque dependa mucho de la cantidad entregada por las casas farmacéuticas en función de su capacidad operativa, otras variantes del virus aparecen y se expanden.

El Ministerio de Salud Pública de Ecuador ha confirmado la presencia de la variante delta y la subvariante delta plus. Sus velocidades de contagio y de letalidad son altísimas, lo que les hace peligrosas.

Los contagiados radican en las provincias del Guayas y El Oro. Está última es la más afectada.

Las autoridades de Salud, conjuntamente con el Comité de Operaciones Emergente, han tomado las precauciones del caso, para evitar, en cuanto sea posible, la propagación hacia el resto del país.

Han dispuesto los cercos epidemiológicos de rigor, el envío de 10 mil pruebas de antígenos a El Oro para hacer un tamizaje, el incremento de los puntos de vacunación y la inmunización a partir de los 16 años de edad.

Es de esperar que esas y otras estrategias resulten efectivas, aunque el “comportamiento” del virus sea impredecible, más que nada por la movilidad de la gente, pero también por echar de menos las medidas de bioseguridad, entre ellas las de evitar aglomeraciones y fiestas.

Dada la cercanía de Azuay con El Oro es alto el flujo de personas, ni se diga la actividad comercial. De ahí que se debe extremar el cuidado. No deberá llamar la atención si el COE recomienda al gobierno implantar en aquellas dos provincias algunas medidas restrictivas, sobre todo las de movilidad.

Que se haga lo que tenga que hacerse para impedir más contagios con las temidas variantes.

Los ecuatorianos tienen que actuar con la convicción de que la pandemia sigue, que los hospitales están llenos de contagiados, los más, graves.

No resulta cansino decirles que no bajen la guardia, que se inoculen sin importar el tipo de vacuna.

De todos depende vencer a la pandemia. Esto permitirá una real recuperación económica, pero también psicológica y afectiva.

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