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Felicidad

Tito Astudillo Sarmiento

Desde la lente del consumismo de la cultura pop en que galopa el milenio, la felicidad es la resultante del incremento sostenido del ingreso monetario, la industria de la felicidad nos la vende como un fin que se alcanza en la intersección deseo-posesión.

Pero la felicidad, algo más compleja y menos lineal no es la mera ausencia de sufrimiento, todo lo contrario, como refiere Moss (2018), también se compone de nuestra capacidad para resurgir desde él; así la felicidad se encuentra en el ejercicio del autocontrol mediante el cual aprendemos a manejar nuestras emociones de manera resiliente y empática.

Desde la visión de Martín Seligman, representante de la psicología positivista, la felicidad, más que un fin es, como evocando los pasos de Ulises, el relato de Homero, o el cantar de Cavafis; el camino sobre el cual transitamos a su encuentro.

Así, desde las emociones positivas -Positive Emotions, que no niegan la existencia de emociones negativas, sino que juegan a suerte de actitud para enfrentarlas; desde las cuales,  caminamos un compromiso -Engagement, con nosotros mismos para alcanzar un determinado objetivo; desarrollando relaciones positivas – Relationships, que aportan valor y nos enriquecen y motivan para seguir creciendo hacia nuevos significados y propósitos -Purpose, que dan valor y sentido existencial a nuestra vida más allá de nosotros mismos; para alcanzar el éxito – Accomplishment; entendido como la sucesión de logros y victorias sobre las cuales edificamos nuestro legado; el modelo PERMA de Seligman propone un proceso personal sistémico de reproducción de la felicidad como plataforma de vida.

Porque felicidad, lo que se dice felicidad no es despertar un día y ver el camino que dejamos atrás. Felicidad, lo que se dice felicidad es haberlo recorrido resilientes, empáticos, solidarios, en una palabra: juntos… (O)

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