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Las siete palabras

Josefina Cordero Espinosa

Jesús, apagando su perspectiva celestial, su dualidad de Dios y hombre, mientras oraba en el Huerto de los Olivos, asumió su humanidad con el concepto de vida y existencia inseparables de la muerte que presintió venir y sintió miedo, ese agnus que simboliza todas las congojas y pesadumbres, ese pavor de la nada que se abre desde las entrañas de la tierra con un sentimiento de soledad y tumba.            

Y como  los hijos que acuden al padre, suplica “Padre aparta de mí este cáliz”.

Traicionado por su discípulo, entregado a sus verdugos después de una noche de  negación y burlas, de azotes y coronación de espinas, carga sobre su ser sagrado y puro la cruz de su pasión.

El martirio de la cruz es una oración de perdón a los enemigos, de esperanza a los arrepentidos, de amor a su madre, de su sed, de franqueza en el desamparo,  su aceptación y final entrega.

Siete palabras que algunos escultores recogen para expresarlas en sus obras según la actitud física y emocional de Jesús llagado al pronunciarlas, captando la expresión de su mirada, de su rostro, su dolor y su reclamo. (O)

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