Ecuador va a Tokio con la esperanza de poner fin a la sequía de medallas desde el 2008

La ecuatoriana Glenda Morejón (d) compitiendo en la prueba de 20.000 metros marcha femenina durante la edición 52 del Sudamericano de Atletismo el 29 de mayo de 2021 en Guayaquil (Ecuador). EFE
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Ecuador afronta los Juegos Olímpicos de Tokio con la esperanza de alcanzar al menos dos o tres medallas y poner fin a la sequía desde 2008, preseas con las que materializar también la inversión realizada en su Plan de Alto Rendimiento (PAR) y alentar a un nuevo modelo de financiación.

Si bien la preparación no ha sido la mejor debido a la alteración en la agenda de cada disciplina deportiva por la pandemia del coronavirus, paradójicamente Ecuador ha alcanzado para estos juegos el récord de 15 disciplinas deportivas y 48 atletas clasificados.

Una cifra con la que supera a la delegación que envió a los Juegos de Brasil en 2016, 38, y a los de Londres, 36.

Romper esa barrera en plena pandemia ha sido todo un desafío para los ecuatorianos, que recurrieron a la tecnología para impartir el plan de entrenamientos domiciliario, además de guiar y vigilar su buena aplicación a distancia y, no siempre, con el espacio suficiente en casa.

Los más afectados, pero que han sobresalido con sus marcas y clasificaciones, han sido los de atletismo y ciclismo, entre ellos Richard Carapaz, que requerían de grandes espacios y pistas para sus entrenamientos, y para los cuales debió adaptarse un plan de preparación especial.

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Sus resultados han sido óptimos como para alcanzar la mayor cantidad de billetes en comparación a otros ciclos olímpicos, 18 en atletismo y 4 en ciclismo.

«Será la delegación más grande. Es una delegación que va con todo lo que necesita para cumplir sus sueños y el sueño de los ecuatorianos».

Sebastián Palacios, ministro de Deporte

Otra complicación que han tenido ha sido la económica, dado que el alto gasto en salud y las ayudas al mercado, sumado a las fuertes limitaciones del presupuesto nacional del país desde 2019, han retrasado los incentivos a los atletas, un reto que, ahora, el nuevo ministro se plantea resolver de cara a los Juegos de París.

«En Ecuador se asignan al año entre 7 y 9 millones. No es suficiente. Para eso tenemos una herramienta interesante y es que la empresa privada invierta recursos en el deporte«, señala sobre un sector que hasta ahora tiene la inmensa mayoría de sus recursos en el fútbol.

El resto, con la excepción de personajes de talla internacional como Carapaz, debe contentarse en su mayoría con los aportes de PAR, establecido en 2013 y que terminará a final de año.

El récord de atletas ecuatorianos en estos Juegos es fruto de ese Plan que, ocho años después de su nacimiento, es hoy más que ajustado para seguir potenciando el crecimiento del deporte ecuatoriano y las exigencias y necesidades de sus deportistas de alto nivel competitivo.

«Aquí la que falla es la estructura, no es el atleta. El atleta tiene las condiciones, pero no se le ha dado el espacio de preparación para que se pueda desarrollar a lo largo de los años. A pocos días de las competencias en Tokio, a los atletas no les llegan los recursos económicos», se quejaba en declaraciones a Efe Manuel Bravo, presidente de la Federación Ecuatoriana de Atletismo (FEA).

En ese sentido, en los Juegos de Tokio, el deporte ecuatoriano se verá frente al reto de conseguir medallas para potenciar la demanda de presupuestos, en momentos en que el dinero público escasea y el privado tampoco está para tirar cohetes.

La primera vez que Ecuador participó en unos juegos olímpicos de verano fue en 1924 en París. Desde entonces, lo ha hecho en 14 ocasiones, pero sólo tiene a un único medallista, el mítico marchista Jefferson Pérez, que ganó el oro en Atlanta 1996 y la Plata en Pekín 2008.

Para este exdeportista, el mayor reto de Ecuador en Tokio debe ser «superar las dos medallas olímpicas», dada la cantidad de clasificados, un objetivo a priori alcanzable.

Las expectativas están puestas en deportistas como la pesista Neisi Dajomes, de 23 años y primera en el escalafón mundial de su categoría de 76 kilogramos; la marchista Glenda Morejón, de sólo 21 años; y el velocista Alex Quiñónez, que competirá en 200 metros lisos y, a sus 31 años, pasa por un gran momento.

Bravo recuerda que en atletismo no hay cómo mentir: es tiempo y marcas, y las esperanzas en esos atletas está fundamentada en la progresión de sus marcas a lo largo de los últimos cuatro años, que han dado alas al sueño olímpico de Ecuador. EFE