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Incendio del Instituto Salesiano de Cuenca

LA TRAGEDIA QUE GOLPEÓ A LA CULTURA LOCAL, NACIONAL Y MUNDIAL Diego Felipe Rodríguez Muñoz

Totalmente consumido por el fuego el imponente edificio quedó reducido a escombros. Las acciones del voluntariado bomberil cuencano se extendió hasta las primeras horas de la mañana. (Foto archivo DFRM).

A cincuenta y nueve años de un trágico incendio que cobró una vida y redujo a escombros el Instituto de Artes y Oficios “Cornelio Merchán Tapia”, las interrogantes y preguntas sin respuesta siguen flotando al interior de los amplios e imaginarios espacios de las teorías sin evidencias, de la especulación y hasta de la más afinada fábula o ficción. Aquello no solo en cuanto a la causa directa que habría dado origen al flagelo como tal, sino además, en cuanto a las causas que habrían motivado tal acontecimiento –teoría de la conspiración para sustracción de piezas-, más aún cuando dicho incendio destruyó una suntuosa, ornamental y representativa edificación de cuatro pisos, y con ella, invalorables e inigualables vestigios históricos, religiosos, culturales y arqueológicos de especial y connotada trascendencia local, nacional e internacional, muchos de los cuales, llamaron ya en su momento, significativa y profunda atención de distinguidos personajes y científicos de elevada talla mundial.

Por todo ello, resulta penoso y lamentable que hoy, a casi seis décadas del suceso, se confirme la inexistencia de por lo menos un escueto informe o relación circunstanciada de los hechos, que hayan surgido como producto de alguna investigación oficial o proceso legal, que sin lugar a dudas debió emprenderse en forma ineludible no solo por las consideraciones expuestas, sino, además, porque así lo exigía la normativa legal vigente a la época. Esta ausencia u omisión, se contrapone al interés colectivo de una sociedad que no solo tiene derecho a la tutela judicial efectiva, sino, además, al acceso expedito a la información pública que en forma transparente y firme debe existir y mantenerse en toda institución pública o privada, evitando así, entre otras cosas, se generen rumores, comentarios o especulaciones.  


Imponente edificación arquitectónica cuyo fino estilo italiano fue fruto de la inspiración del Padre Crespi. Su tradicional Iglesia no fue afectada por el fuego gracias a la decidida intervención de los bomberos (Foto archivo DFRM). 

LOS SALESIANOS EN EL ECUADOR

ANTECEDENTES

Los Salesianos llegan a Quito en 1888 y a Cuenca lo hacen en 1893. En octubre de 1936, el “Instituto Artesanal” abre sus puertas a la ciudadanía cuencana, permitiendo el acceso gratuito de una niñez pobre que, para inicio de la década de los sesenta, pudo ya contar con una amplia y novedosa edificación patrimonial de cuatro pisos, que acogió y albergó cálidamente alrededor de 1.500 alumnos. Enmarcado al interior de amplias y muy bien definidas metas y proyecciones con tinte progresista-social, ya poseía aulas y grandes espacios de esparcimiento como áreas deportivas y recreativas, museo, teatro y varios talleres.

ANTECEDENTES DEL FLAGELO

La madrugada del jueves 19 de julio de 1962, a las 00h30 más o menos, la Institución bomberil cuencana –voluntariado- dio aviso oficial de incendio, a través de sus “tres tonadas de sirena” que confirmaban la existencia de fuego, ya divisado desde ciertos ángulos de la parte céntrica de la ciudad.  Alarmada, incrédula y guiada por el resplandor de las llamas, la población poco a poco iba acudiendo hacia la entonces denominada Plaza “Guayaquil-hoy parque de María Auxiliadora-, cuyo amplio y singular espacio ya se constituyó en candente escenario desde el cual se presenció la paulatina destrucción, de lo que representó varias décadas de dedicación, esfuerzo, sacrificio y esmero salesiano.

La característica propia de esta edificación de construcción mixta, llevó a que el fuego iniciado en la segunda planta, se propague fácilmente por las gradas de madera hacia el piso superior, haciéndolo, concomitantemente, hacia la planta baja en donde se encontraba el teatro, la escuela, los talleres y la Capilla. En pocas horas, el ala “oriental” del inmueble se convirtió en una inmensa hoguera que contaminó rápidamente la parte “occidental” del edificio, consumiendo los talleres de carpintería, mecánica y electricidad. El fuego llegó a superar los 30 metros de altura.

En medio de estruendos, pánico y angustia, poco a poco iban cayendo las vigas del segundo y tercer piso, hasta dejar aisladas las paredes de cal y ladrillo, que luego también se desplomaron. La decidida actuación de los bomberos evitó que el fuego se propague al taller de imprenta, foto grabación, internado, Iglesia y dependencias propias de los Padres, no obstante, sería el agua la que tome su parte en el inevitable estrago de daño y destrucción.

Para las cuatro de la madrugada, ya se encontraba consumida toda la estructura de madera, así como, salas de talleres y museo ubicado en el segundo piso. Se perdió el teatro y con él las valiosas cintas de “Charles Chaplin”, cuya colección fue considerada como la “segunda mejor recopilación” en el mundo. Cuadros célebres de la “escuela quiteña”, o lienzos del renacimiento itálico como el “Cristo con su peculiar cabellera que caía” -obra artística que habría correspondido al pincel del gran Leonardo-; o el “rostro de sus Madonas” que permanecía luminosa y henchida de ternura, un domo tallado en piedra y muchas otras hermosas joyas que, reducidas a polvo y escombro, quedaron desvanecidas en el tiempo, la historia y el desconsuelo.

Solo la claridad de las primeras horas de la mañana, permitirían localizar los restos del maestro de Capilla José Yadiacela, quien fue sorprendido por el fuego cuando dormía en el tercer piso.

Con el incendio “desaparecieron” maravillosas piezas que habrían pertenecido a la antigua Babilonia -con más de cinco mil años de antigüedad-. Una pesada figura de oro puro del Faraón, o planchas metálicas de más o menos dos metros con determinada simbología se “desintegraron no solo en medio del fuego” –el metal se funde no se desintegra-, sino, posiblemente, de la suspicacia y premeditación.


El Padre Crespi junto a una plancha de oro puro de más o menos dos metros de ancho que al igual que otras maravillosas joyas que poseía el “Instituto” habrían tenido simbología de origen babilónico. (Foto cortesía).

¿ACCIDENTE O ACTO PROVOCADO…?

Las especulaciones no se hicieron esperar ¡…El maestro Yadaicela, ebrio, dejó encendida una vela …!. No obstante, el incendio se inicia en el segundo piso y dicho ciudadano dormía en la tercera planta; más aún, por qué una vela encendida, cuando aquella noche hubo energía eléctrica en forma ininterrumpida.

¡…Que se originó por corto circuito…!. Muy difícil establecer aquello, al menos que alguien haya notado algo al respecto en forma previa al siniestro, ya que posterior a él, más aún en ruinas la edificación, es casi imposible establecerlo.

¡…Artefactos incendiarios lanzados desde la calle…!. En cuanto a esta afirmación, la obra “El apóstol de los Pobres, Santo Cuencano” de Luis García Carpio, reproduce una carta de fecha 2 de agosto de 1962, mediante la cual, el Padre Crespi, con su propio puño y letra, da a conocer al Hermano Renato Zigiotti -Inspector General Salesiano-, lo siguiente:

“… después de la inspección reglamentaria en los 29 años de existencia del Instituto, todo estuvo en calma. Retirándome a mi sala de estudio a las 12h15, un padre me avisa que hay llamas en el corredor que daba al museo, pronto salí al corredor, me di cuenta que por la ventana del patio habían echado una bomba incendiaria. Pronto bajé para despertar a la comunidad, llamar a los Bomberos; en 5 minutos regresando al lugar del siniestro, otras bombas incendiarias fueron lanzas desde la calle en la escalera de madera; en pocos minutos las llamas envolvieron el techo de la fachada que da a la Iglesia…”.


La solidaridad expresada por autoridades y pueblo cuencano se hizo presente en forma inmediata a los acontecimientos. (Foto archivo DFRM).

NUEVAS O ACTUALES TEORIAS

En la actualidad han surgido nuevas y renovadas teorías que refieren, adicionalmente, no solo de la existencia sino además de la ubicación de uno u otro vestigio de alta connotación –encontradas en la Cueva de los Tayos- que perteneciendo al “Instituto Salesiano”, se las consideró consumidas por el fuego.

No obstante, y en forma independiente a cualquier afirmación, cometario o especulación, lo único penoso y concreto es la ausencia de por lo menos algún sumario o expediente que haya recogido, practicado o dispuesto alguna investigación o pericia. Más aún cuando los flagelos y otras catástrofes, ya se encontraban contempladas o recogidas en diferente normativa, como así lo confirma el Código Penal que contemplaba estas figuras desde su promulgación, en 1938.

Indispensable resulta entonces que, la “administración de justicia” cuente en la actualidad con el apoyo de instituciones que posean laboratorios y departamentos técnicos y especializados a través de los cuales, auxiliares de justicia -peritos- coadyuven en forma óptima y significativa en la búsqueda de la verdad, que solo al interior de los parámetros de la objetividad, garantizarán y generarán certezas.

Pero más allá de lo señalado o tiempo trascurrido desde la fecha del incendio, de establecerse en algún momento la existencia de alguno de estos vestigios o piezas de connotada valía, sin importar en donde o con quien se encuentren, el Estado ecuatoriano tendría la ineludible misión de retornarlas al amplio, extenso y maravilloso patrimonio cultural tangible que posee.

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