- Publicidad -
Inicio Opinión Editorial Diálogo y exigencias

Diálogo y exigencias

 El Presidente de la República, Guillermo Lasso, con motivo de las anunciadas movilizaciones de la semana pasada, por parte de la CONAIE y otros sectores, manifestó que no cederá ante lo que calificó de ultimátum, y que el diálogo será la única manera de atender los reclamos.

Sin embargo, en la larga historia de las tensiones sociales en nuestro país, el diálogo se ha visto como una herramienta poco menos que retórica, utilizada por las administraciones de turno, a fin de aplacar las tensiones. Desde el otro lado, el diálogo ha sido visto más bien como un mecanismo destinado, no tanto a persuadir a la parte contraria, sino como una mera estrategia, para al no conseguir resultados, reafirmarse en la idea de que solamente con medidas de hecho se podrá conseguir lo que ellos demandan. De esta forma, el diálogo se vuelve imposible, o por lo menos poco efectivo.

Por lo tanto, es a la propia dinámica de los diálogos entre el Gobierno y los sectores sociales, lo que debe apelarse, sin que de parte y parte se constituyan en meros subterfugios o pretextos y se encare con espíritu positivo y propositivo este recurso propio de las democracias maduras. Lamentablemente, nuestro sistema democrático incipiente suele parodiar los diálogos, en tanto se mantienen posiciones poco menos que inamovibles.

En el presente caso, tanto el Gobierno como los demandantes, deben hallar un equilibrio en cuanto al precio de los combustibles, el tema quizá más álgido en estos momentos, puesto que, efectivamente, la liberación en los costes de los hidrocarburos ha provocado un incremento inflacionario que es sentido por las mayorías en sus bolsillos, ya que transportistas y otros sectores, cargarán estos aumentos a los fletes de transporte y los pasajes, tal como lo están exigiendo.

Un tema quizá más complejo, es el de las reformas laborales que requiere con urgencia el país, pero que, para conseguirlas hará falta superar posturas dogmáticas de las partes involucradas, es decir, gobierno, empleadores y organizaciones laborales.

Salir de la versión móvil