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Después de los cien días

Acostumbrados, por influencia externa, a “evaluar” a un gobernante transcurridos los 100 primeros días de gestión, la del presidente Guillermo Lasso tiene como estandarte haber privilegiado la salud, vacunando a más de nueve millones de ecuatorianos contra la Covid-19.

Cualquier evaluación en tan poco tiempo es somera en un país azotado por la pandemia, por los pésimos gobiernos anteriores; donde casi todos quieren solución inmediata a todos los problemas; donde “analistas” de toda laya vaticinan hasta lo peor; donde políticos, politiqueros, oportunistas e incendiarios intentan imponer sus propias agendas y berrinches.

Empero, ya es momento de conocer el rumbo económico sobre la base de ser un país hiperendeudado, con un casi inmanejable déficit fiscal, con más de 5 millones de personas sin trabajo, con una frondosa burocracia, con una Seguridad Social casi en soletas, e igual el resto del sistema de salud pública; donde la corrupción, el narcotráfico, el contrabando, la evasión de impuestos por parte de los grupos de poder, la inseguridad, constituyen la otra pandemia que sufren los ecuatorianos.

El gobernante ha dado ligeros esbozos de su programa económico, comenzado por una reforma tributaria sin necesidad de subir el IVA, pero con más impuestos a los más afortunados, eliminar algunas exenciones y aumentar la producción petrolera.

A la par, prepara una reforma laboral, justamente para, según su proyecto político, crear oportunidades de trabajo, sin menoscabar derechos.

Atraer inversiones, sobre todo saber el rumbo del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, son tareas pendientes, aunque el presidente ha dado algunas pistas.

La reforma tributaria, la proforma presupuestaria del 2022 y otras propuestas, deberán pasar por la Asamblea, donde ya hay las primeras advertencias, algunas explícitas para no apoyarlas.

Sin embargo, preparar esos planes y, al mismo tiempo, hablar de consulta popular, a lo mejor no es lo más oportuno.

Bien harán los opositores en pensar en el país y el gobierno en persuadirles. Es hora despegar.

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