Gadejo…

Tito Astudillo Sarmiento

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La pobreza no se resuelve escondiéndola, eso es evidente, pero también es evidente que tampoco, y de ningún modo, se resuelve ignorándola, apretando el paso mientras miramos al costado; o, subiendo ventana del auto y el volumen de la radio en el semáforo.

La pobreza se combate desde la combinación equilibrada de inversión para construir riqueza y redistribución solidaria para compartirla; perspectiva desde la cual eventos de alto nivel que traen y atraen, tanto capitales, cuanto alternativas y exposiciones globales deberían ser respaldados, aplaudidos y replicados.

Y lo refiero porque es comidilla de medios y redes la boda que, en lugar de celebrarse en la Catedral de San Patricio, allá en Manhattan, en el corazón de la Quinta Avenida; se llevó adelante aquí en San Francisco y requirió, como todo evento de interés mediático, una serie de condiciones que han sido blanco de críticas y señalamientos de difícil argumentación cuando:

A fin de cuentas, con plata propia, del patrimonio familiar, se fue a estudiar al extranjero; con su dedicación y esfuerzo llegó a ser alto ejecutivo de una firma global, una red social de la que, alguna vez, pudimos ser usuarios; y, que con su “labia y pinta” se levantó a la afamada modelo de la renombrada agencia…

Y nos escandaliza porque cegados por la necesidad de desacreditar y roer no alcanzamos a ver el beneficio de la inversión que representó el “sold out” turístico, el encadenamiento de servicios que el evento demandó y la super exposición mediática mundial provocada por cada flash colgado en las redes.

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Gadejo le llamaban los abuelos a la actitud carente de fundamento, pero cargada de aquellas ganas de simplemente descargar las frustraciones, envidias y otros complejos, porque mientras unos toman un vuelo con destino a la impunidad, otros dan vuelta a casa a refrendar el camino y reafirmar un compromiso. (O)