Agroturismo

Nancy Negrete Martínez

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La Organización Mundial del Turismo (OMT), define el Turismo Agrario como una modalidad que se realiza en explotaciones agrarias (granjas o plantaciones), donde los actores complementan sus ingresos con alguna forma de turismo en la que, por lo general, facilitan alojamiento, alimentación y oportunidad de familiarización con los trabajos agropecuarios.

Este tipo de turismo, que se realiza en las zonas rurales e incluye actividades agrícolas y ganaderas, posibilita que los turistas participen de manifestaciones inmersivas en la vida cotidiana del campo. Así, los visitantes disfrutarán de experiencias que despierten sus sentidos como: sensaciones en paisajes naturales, colores, aromas, sabores y, a la vez, aprovecharán para hacer otro tipo de actividades como gastronomía, paseos guiados y demás trabajos de campo, propios del ambiente rural.

Este tipo de práctica brinda la oportunidad de dinamizar la economía del sector, de crear una nueva demanda para los productos agrícolas, de vincular a los turistas con las tradiciones y la cultura del lugar; y, lo más importante, de ser un motivo para incentivar el turismo responsable y la agricultura orgánica.

En nuestro país, hay muchas oportunidades de convertir las propiedades agrícolas en lugares de acogida, donde el agroturismo sea su eje de oferta; todo ello, para conectar a las personas con la naturaleza e incentivar maneras respetuosas de comprender la ruralidad y de resignificar el valor de la vida en el campo.

Por eso, es importante entender al agroturismo como una herramienta de desarrollo que colabora con las comunidades, valoriza las prácticas rurales y promueve los saberes patrimoniales que sostienen el fortalecimiento de la identidad rural; sin embargo, sin el impulso legal, financiero y el compromiso humano, es imposible consolidar cualquier propuesta. (O)

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