Biocorredor Yanuncay, un “tesoro” natural para redescubrir que cautiva con sus paisajes y gastronomía

A lo largo de la ruta hay locales de comida típica y hasta gastronomía internacional. El paisaje permite al visitante conectarse con la naturaleza.

Los ciclistas y atletas aprovechan el Biocorredor de Yanuncay para salir a pedalear solos o acompañados.
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Extenuados atletas profesionales y aficionados; niños, jóvenes y adultos en bicicleta o motos; personas con cañas de pescar. Esos son los cuadros familiares que se observan en el Biocorredor Yanuncay (occidente de Cuenca), uno de los lugares más visitados por sus paisajes y gastronomía.
El Cuenca Tenis y Golf Club es la puerta de entrada a este tesoro natural. Atrás queda el centro de San Joaquín, parroquia considerada el “huerto de la ciudad”, ubicada a siete kilómetros al noroeste de Cuenca.
A medida que se avanza, la vegetación cambia. Los grandes árboles de eucalipto que se mueven con el viento como si estuvieran dando la bienvenida a los visitantes, las imponentes montañas y las cristalinas aguas del río Yanuncay, anticipan los paradisíacos paisajes que se puede encontrar en esta zona.
Antes de iniciar el recorrido se puede “cargar energías” con una tortilla de choclo, preparada sobre un tiesto o tortera de barro, acompañada de un hirviente morocho que le ayuda a entrar en calor.
A lo largo de la ruta se puede encontrar una variedad de comida típica y hasta gastronomía de otras partes del mundo para los paladares más exigentes.
Sandra Guamán se levanta muy temprano todos los fines de semana y feriados a “parar la olla de barro”. En su cocina de leña prepara un nutritivo y suculento caldo de mocho que ofrece a sus clientes en el restaurante “Mote Llacta”.
Además prepara cuyes, criados por ella mismo con hierba y harina de maíz; pollos; costilla de chancho; carnes asadas; trucha; mote pillo; mote sucio; caldo de gallina. Los precios varían entre 2,50 y 18 dólares.

Sandra Guamán ofrece caldo de mocho cocinado en olla de barro, una de las especialidades de la casa.

En este sector existen cerca de 30 locales de comida, siendo el cuy y el pollo los platillos más apetecidos. De ahí el gran número de asaderos que desprenden agradables olores que atraen a más de uno.
Alrededor de las rústicas mesas, familias enteras disfrutan del cuy, que literalmente cruje cuando se lo lleva a la boca, acompañado del infaltable mote, papas, habas con queso, choclos, pepa de zambo y un picante ají rocoto. Aquí las dietas se rompen.  

Familias enteras se deleitan con la gastronomía cuencana.

 Uno de los asaderos típicos que se halla en el Biocorredor es “Café Tacuba” que presta sus servicios los viernes, sábados y domingos, entre las 10:00 y 22:00. A diario venden un promedio de 50 pollos y 100 cuyes, razón por la cual trabajan entre seis personas, incluido el personal de cocina y servicio.

En el restaurante “Café Tacuba” preparan cuyes y pollos asados, acompañados de mote y papas.
 

Opciones

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También hay opciones para comer rico y disfrutar de amplias áreas verdes en un mismo lugar, tal es el caso de “Campana Huaico Restaurante”, cuyo propietario es David Merchán. “La oferta que tenemos en general es la comida tradicional, siempre tratamos de salvaguardar el concepto de la gastronomía cuencana”, expresa.

En Campana Huaico Restaurante se ofrece una gran variedad de platillos, así como ambientes que se encuentran en armonía con la naturaleza.

No obstante, su experiencia como chef le ha servido para ir mejorando cada día e inclusive ofrecer otros productos de alta cocina, principalmente en repostería. Ofrece postres tradicionales elaborados con cebada, maracuyá, tamarindo, inclusive utiliza vegetales. 
Merchán destaca que el objetivo del restaurante, galardonado con certificaciones, insignias y reconocimientos nacionales e internacionales, es ser sostenibles. “Aportamos con el medio ambiente disminuyendo desperdicios y sirviendo en envases retornables, la verdad que casi no usamos plásticos…Adicionalmente contamos con cinco ambientes y zonas amigables con las mascotas”.


Este lugar recibe la visita de 400 a 500 personas, aproximadamente durante un fin de semana o feriados. “Tenemos muchos visitantes de la Costa, quienes tienen un gran expectativa de la cocina cuencana”. Los precios de los platos en Campana Huaico Restaurante varían entre 3,50 y 18 dólares; 7 dólares, un precio promedio.

Un mousse de maracuyá, una de las golosinas que sirven en este lugar.


Ecomuseo, poesía y madera


La amabilidad, calidez y creatividad de los pobladores del Biocorredor se puede evidenciar en David Pasaca, dueño del Ecomuseo del Yanuncay, que abrió sus puertas desde hace 14 años.
El artista, de 60 años, destaca que en este espacio, situado en Barabón Grande, los turistas pueden encontrar “obras de arte únicas en el Planeta, elaboradas por mis propias manos y fabricadas de madera reciclada”, distribuidas en seis salas de exposición, en donde también se puede apreciar objetos de antaño o antigüedades como: molinos cañaris, arados, bateas, piedras de diferentes partes del país, ventanas antiguas, monturas de acémilas, osamentas de animales.
Para realizar sus singulares creaciones utiliza troncos que arrastra el río, ramas que caen de los árboles o son podadas, sin hacer daño al medio ambiente, tales como: sillones, cuadros, máscaras, colecciones, artesanías, llaveros y hasta nacimientos en madera que los vende, pudiendo llevarse recuerdos desde 1 dólar.

David Pasaca es un artista autóctono de la zona que exhibe sus obras en su Ecomuseo del Yanuncay.

El talento de Pasaca es tal que a la par escribe poemas, algunos están grabados en madera. “Entre el gran Tomebamba y el hermoso Yanuncay, está mi querido San Joaquín, Jardín grandioso de Amancay; reza el primer párrafo de su obra que dedicó a dicha parroquia.
“Precioso Yanuncay, el más hermoso del Ecuador, de oeste a este tu dirección, eres grande Biocorredor”, es la introducción dos de otro poema.
Sus letras también han sido dedicadas a Cuenca, a Manabí, y hasta a sus amores ingratos. “Tengo más de 120 poemas de mi autoría que se encuentran por diferentes partes del Mundo; quería hacer una recopilación, pero lamentablemente no tuve apoyo de nadie”. 
La entrada al Ecomuseo del Yanuncay cuesta un dólar por persona, valor que le sirve para subsistir.


Y hay más alternativas

Luego de saciar el hambre, varios turistas optan por descansar y acampar a la orilla del río Yanuncay, algunos aprovechan sus limpias y frías aguas para bañarse, mientras otros pescan las escurridizas truchas con anzuelo.

Los turistas aprovechan las cristalinas y limpias aguas para pescar truchas. José Mosquera/El Mercurio

Las místicas haciendas y las casitas de adobe y teja armonizan con las extensas áreas verdes pastadas por cientos de vacas. Sobre la calzada se encuentran cantarillas de aluminio que se desbordan de leche y nata, auténticos cuadros de zonas andinas agrícolas.

Después de pasar Barabón Chico y Barabón Grande, en la comunidad de Soldados, los turistas pueden regocijarse en las Termas Pumamaqui que se encuentran junto al río. Los manantiales de agua termal, ricos en minerales que son beneficiosos para la salud, brotan naturalmente del suelo. (I)

Texto: José Mosquera Baca
[email protected]
Fotos: Xavier Caivinagua A.
El Mercurio-Cuenca