El colapso de las redes sociales evidenció su alta dependencia

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El pasado lunes y por seis horas, colapsaron tres de las redes sociales más utilizadas en el mundo: Facebook, Instagram y Whatsapp. A través de otras redes que seguían funcionando, como Twitter, se pudo evidenciar el nivel de desesperación en que entraron las personas, muchas reiniciaron sus equipos más de una ocasión, buscando repararlos.

Pero el daño era general y para muchos fue la ocasión perfecta para desconectarse de ese mundo digital que ha invadido su realidad, lo cual, según los expertos, se ha acentuado con la pandemia de la COVID-19.  

¿Pero qué tan fácil es desconectarse de las redes sociales sin necesidad de que estas colapsen?

Los expertos evidencian dos problemas: el primero de tipo social, en el que las personas han dejado de vivir su realidad, que muchas veces es complicada, para pasar a vivir a través de lo que se publica en la red; mientras que el segundo tema involucra al plano laboral, que ha invadido la vida privada y que ha llevado al trabajador a sufrir el síndrome “Burn out” o colapso producto del exceso de trabajo.

Para Christian Espinosa, experto en identidad digital y manejo de crisis en redes sociales, lo sucedido el pasado 4 de octubre dejó como lección el replantearnos el tiempo que empleamos frente a las pantallas y cómo esto ha dejado poco espacio para otras actividades prioritarias como la relación con la familia, los amigos y el tiempo de descanso.

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La psicóloga Andrea Pérez explicó la dependencia que actualmente tienen las personas por las redes sociales, que se basa en la necesidad de aprobación, a través de un “like” o un “me gusta”, que termina siendo más importante que la relación real que se tiene con las personas del entorno.

“Estamos viviendo a través de selfies, fotos y videos de redes sociales, sin disfrutar del momento, encontramos personas que se preocupan más de postear y hacer videos que por vivir las actividades. Eso genera una ansiedad absurda, una necesidad de aprobación por lo que la sociedad me exige que sea, lo cual me desconecta de mi entorno. Tenemos familias y parejas que no están construyendo vínculos saludables, sino que viven una fantasía a través de las redes que les exigen un mundo maravilloso”, afirmó la experta.


Para la psicóloga Rosario Egas esta conexión con las redes sociales es también un mecanismo de escape de la realidad violenta y complicada que actualmente se vive y es una forma de “estar” en un mundo diferente, en el que creo que a la gente le interesa cómo me siento, y puedo “sentirme relacionado”.


InvasiónLa tecnología durante la pandemia, para Diego Beltrán, experto en Derecho Digital, fue benevolente y les salvó la vida a muchas personas, pues a través del teletrabajo y la teleducación los mantuvo a salvo de un virus mortal y les permitió continuar produciendo sin arriesgarse a morir, renunciar o ser despedidos; pero al mismo tiempo se dio una invasión del espacio laboral en el personal.

“Nuestras obligaciones laborales, que antes solo las realizábamos en la industria u oficina, ahora invadieron nuestros hogares y lamentablemente se forzó a que se rompa la división entre vida personal y trabajo y que los dos espacios coexistan. Se han confundido los espacios, tareas y tiempos que dedicamos a cada una de estas actividades”, puntualizó el experto.

Lección económica


Lo sucedido el pasado lunes, para Christian Espinosa, experto en redes sociales, también dejó una lección en el plano económico, pues Facebook e Instagram son grandes plataformas de negocios y de comercio de bienes y servicios, por lo que el colapso temporal tuvo un efecto sustancial en este plano para los empresarios y emprendedores. Pero incluso para las aplicaciones, Facebook perdió 6.600 millones de dólares en la Bolsa de Valores.

Para Espinosa, es importante que quienes manejan sus negocios a través de las plataformas digitales diversifiquen sus canales de contacto con sus clientes, en caso de que un hecho similar se vuelva a producir. Sugiere el uso de un chat propio, la implementación de bases de datos de correos electrónicos y la repotenciación del servicio al cliente. (I)