La lagartija Coliazul de Orcés, el reptil azuayo en peligro de extinción

Considerado como un animal endémico, si no se toman los correctivos necesarios, la lagartija puede desaparecer en la próxima década. Xavier Caivinagua/El Mercurio
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Hubo tiempo en el que la lagartija Coliazul de Orcés habitaba en el valle de Yunguilla, pero las casas, las quintas y la agricultura sustituyeron los espacios subtropicales en donde los reptiles, cuyo cuerpo es vistoso por el celeste que inicia debajo del hocico y termina en la cola.

La invasión y el crecimiento hacia las zonas, en donde la gente se reúne los fines de semana, ha dejado a la lagartija dos micro localidades: una en Santa Isabel, en la que el hábitat se está degradando, y otra en una quebrada de La Unión.

Con ello, el reptil, que no se ha encontrado en ningún otro rincón del mundo, se encuentra en peligro de extinción. Algunos expertos, que han seguido de cerca al Coliazul de Orcés, apuntan a que, si no se toman los correctivos necesarios, en la siguiente década la lagartija azuaya desaparecerá.      

Bajo ese pronóstico devastador, un grupo de investigadores del zoológico Amaru, liderados por Ernesto Arbeláez, desde hace tres años llevan adelante una investigación que responda a cómo salvar a esa especie endémica de lagartija.

Para empezar, Arbeláez, con el apoyo de Fundación Jocotoco y Tropical Herping, realizaron expediciones entre el 2019 y 2020. En esas visitas a los campos que están cambiando por la presencia del ser humano se encontraron seis lagartijas.

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En las expediciones también se levantó información para conocer a detalle los factores que están afectando la vida de las lagartijas. Por lo pronto, además de la invasión inmobiliaria que ha sufrido Yunguilla en la última década, se conoce que los perros y gatos, y probablemente el cambio climático, están mermando a la población de reptiles única en Azuay.

Con los primeros detalles, la investigación ha avanzado, a través de la construcción de un reporte científico, hacia un programa de crianza, parecido al que existe en Galápagos para ayudar a las tortugas.

La idea de Arbeláez es que el Amaru exista una población de respaldo que permita la sobrevivencia de la especie, pero, para ello, se requiere emular el hábitat donde viven.

Por lo pronto, el equipo ya levantó un primer espacio en la parte alta del Amaru, el cual funciona como invernadero: adentro tiene las condiciones climáticas y el terreno que necesitan las lagartijas para vivir.

Según Arbeláez, se necesitarán entre uno y dos años para tener las crías, marcarles con un rastreador y enviarlas a una zona protegida para reinsertarlas.

El proceso suena sencillo, sin embargo, detrás de él hay un equipo que cada día está pendiente de las lagartijas, cuyo número, por ahora, no es suficiente.

Los investigadores requieren encontrar más reptiles Coliazul de Orcés, y para esto es necesario hacer más salidas de campo y recursos económicos. Por esa razón es que Ernesto hizo dos pedidos.

El primero: si las personas han visto a las lagartijas Coliazul de Orcés pueden notificar a los investigadores. Es necesario saber si existen más lugares en donde se encuentre esa especie. Las notificaciones se reciben a través del correo electrónico: [email protected], o del teléfono: 0969956055. 

El segundo: se requiere dinero para continuar con la investigación. Los investigadores han logrado seguir con su trabajo gracias al apoyo de un fondo semilla, y, principalmente, con los fondos del Amaru.

Basta con visitar el zoológico para ayudar a que avance el proyecto para la conservación de un reptil que es orgullosamente azuayo. (I)