Moral mercantil y ética política

Carlos Castro Riera

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A propósito de los “Pandora Papers”, se debate sobre la dimensión moral y legal de dichas operaciones financieras para lograr, entre otros fines, beneficios tributarios.

Dentro de la sociedad mercantil capitalista todos los negocios que se realizan alrededor de la propiedad privada de los medios de producción, bienes y dineros vinculados a la actividad de la libre empresa y obtención de plusvalía, renta, ganancia, interés, utilidad y acumulación son moralmente aceptados, forman parte de la moralidad social, la cultura e ideología del sistema social imperante, incluidas las formas de explotación de unos seres humanos por otros, tanto más si esas relaciones productivas, comerciales y financieras, están legitimadas por las leyes del mismo sistema socio económico, que llevan a percibir todo el entramado como normal y natural incluida la desigualdad, la extrema riqueza y pobreza. Esa es la moral del orden capitalista.

Los efectos de esa moral mercantilista y utilitaria se evidencian cuando algunos empresarios motivados por un mayor lucro y utilizando la misma institucionalidad jurídica nacional o internacional realizan maniobras, manipulan las normas para eludir obligaciones tributarias en los países de origen y obtener beneficios extraordinarios a pesar de lo cual aún permanecen dentro de los bordes del espacio legal, tanto que, se distingue entre evasión y elusión tributaria, es decir entre el delito y formas de hacer lo mismo pero sin caer en delito.

Sin embargo, esa moral se quiebra cuando impulsados por la ambición se violentan ordenamientos jurídicos inobservando las prohibiciones legales establecidas en diferentes países y se opta por realizar operaciones financieras en paraísos fiscales o, cuando con leguleyadas se ocultan transacciones comerciales o financieras con fondos cuyo origen es opaco, por lo que, la falta de transparencia erosiona la legitimidad, cuya esencia mira a la raíz clara de las cosas.

Más allá de la moral mercantil está la ética política que desde los principios lleva a reprochar la incoherencia y falta de sindéresis, entre lo que se predica y lo que se hace, cuando se exige a otros una debida conducta y el predicador hace lo contrario, como convocar a invertir en el país e invertir en otro. (O)

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