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Un Nóbel al periodismo combativo

Rubén Darío Buitrón

Si se tuviera que enaltecer a quienes luchan por la libertad de expresión en el mundo no alcanzarían los galardones para todos aquellos que, desde sus trincheras de un periodismo de excelencia, logran sostener uno de los más preciados bienes de la humanidad.

Por eso, el premio Nóbel de la Paz 2021, concedido por el Comité Noruego del Nobel en Oslo a la filipina María Ressa y al ruso Dumitry Muratov, hay que tomarlo como lo que es, una presea a todos los periodistas que en cada uno de sus países trabajan y se esfuerzan por llegar a la verdad y revelarla a los ciudadanos.

El auge del periodismo de investigación, gracias a los medios que usan las plataformas digitales y al número escaso, pero valioso, de medios tradicionales, es una muestra del nivel que se puede alcanzar cuando existe la voluntad de llegar a conocer las realidades que esconden los poderes, en especial el político y el económico.

En la designación a María Ressa y Dimitry Muratov, el Comité Noruego destacó “sus esfuerzos para salvaguardar la libertad de expresión, que es una precondición para la democracia y la paz duradera”.

La entidad resaltó que los galardonados recibieron el premio por su valiente labor en aras de la libertad de expresión en Filipinas y Rusia, pero, añadió el dictamen del Comité, “es necesario resaltar que Ressa y Muratov representan a todos los periodistas que trabajan a favor de un mundo en el que la democracia y la libertad de prensa enfrentan crecientes condiciones adversas”.

Los dos periodistas fueron galardonados también por su defensa irrestricta de los derechos humanos que están ligados, de manera íntima, a la libertad de decir, de escribir, de contar, de revelar, de denunciar, de exigir rendición de cuentas a quienes atropellan esos derechos o abusan de su poder para enriquecerse, para evadir impuestos, para eludir los controles del fisco.

Una prueba de lo que afirma el comité noruego es el reciente destape de los Pandora Papers, que son el resultado de un tenaz, minucioso y profesional trabajo de cientos de periodistas y de medios de comunicación repartidos en el mundo con un solo propósito: combatir la impunidad, la mentira, las trampas, los movimientos sucios de enormes cantidades de dinero a los paraísos fiscales para evadir los controles tributarios y eludir el pago de impuestos.

La contundente investigación puso en evidencia el alto grado de impostura y de falsedad que existe en el discurso solidario e igualitario del poder y de los gobiernos que se jactan de mejorar las paupérrimas condiciones de vida de los sectores más pobres.

Gracias a este notable trabajo, los ciudadanos conocemos ahora los trapos sucios en el manejo del dinero de una serie de personalidades de la farándula, el deporte, los negocios, la economía y, lo más grave, la política, en este caso dos presidentes sudamericanos, Guillermo Lasso, de Ecuador, y Sebastián Piñeira, de Chile.

El periodismo, cuando se lo propone, puede cambiar el mundo. Por eso, todos los periodistas que cada día realizan su trabajo con responsabilidad social y con la construcción de contenidos de calidad deben sentirse premiados y tener la seguridad de que el premio para María Ressa y Dimitry Muratov es una expresión de que no están solos aquellos que, con pocos recursos económicos pero con una convicción plena de lo que hacen, se juegan la vida cada día para documentar la realidad que perversamente se esconde y no está a la luz del día.

María Ressa, de 58 años, es la fundadora del portal digital Rappler y es, según lo destacan las agencias de prensa, “un ícono de la libertad de expresión en su país ante la persecución que ha sufrido por su trabajo”.

Ressa destaca, sobre todo, porque el estado filipino, con el presidente Rodrigo Duterte a la cabeza, trata de impedir su trabajo con una maquinaria judicial corrupta al servicio del mandatario y de su círculo de poder.

Ressa ha sido víctima de ciberacoso y el año pasado un tribunal la condenó a seis años de prisión por presunta ciberdifamación, un proceso que se encuentra en estado de apelación, pero que demuestra cómo el autoritarismo, la intolerancia y la corrupción no tienen piedad con quienes los combaten.

La periodista filipina, sin embargo de las amenazas que debe soportar, se mantiene firme en su lucha contra la desinformación, por eso no es la primera vez que su nombre resuena a nivel mundial: en el año 2018 la revista Time la eligió como la personalidad del año y decenas de organizaciones internacionales de periodistas reconocen y admiran en ella el trabajo del medio que dirige y que es, sin duda, uno de los portales de información e investigación más reconocidos en su país.

Ressa, una periodista de larga trayectoria, ha colaborado con The Wall Street Journal y trabajó para la cadena CNN entre 1995 y 2005 como corresponsal y sus investigaciones sobre las redes terroristas en el sudeste asiático sirvieron de base para la publicación de dos libros sobre Al Qaeda y Bin Laden.

Se la conoce en el ambiente periodístico mundial porque es crítica del uso criminal de las redes sociales, donde afirma que existe una severa manipulación, y está convencida de que el periodismo de investigación cada vez juega un papel fundamental para llegar a la verdad.

Según la agencia EFE, en su primera reacción, Ressa dijo que se va a ganar “la batalla de los hechos y la verdad” y denunció que vivimos en un mundo donde “los hechosson debatibles“, por lo que “el periodismo se ha convertido en activismo”.

Los elogios para los premiados por la Academia tienen que ver también con la lucha valiente de los periodistas y las crecientes circunstancias adversas que enfrentan la democracia y la libertad de expresión en todo el planeta.

En esta lucha del periodismo verdaderamente independiente también surge la figura de Dimitri Muratov, de 59 años, quien a inicios de los años 90 lideró un grupo de periodistas que abandonaron un periódico oficial en plena desintegración soviética y se fueron en busca de crear un periodismo democrático, horizontal y plural.

Muratov dirige el prestigioso periódico Nóvaya Gazeta, que se fundó en 1993 y su diario es un símbolo de la lucha por los derechos humanos, en especial los que atropella el gobierno del todopoderoso Vladimir Putin.

Las agencias recuerdan que Muratov y su medio denunciaron los abusos de los militares rusos y de los líderes chechenos, sobre todo cuando se supo que los servicios de seguridad chechenos asesinaban homosexuales. Estas relevaciones le han traído amenazas de muerte y ejecuciones extrajudiciales a seis periodistas.

Los opositores a Novaya Gazeta han respondido con acoso, amenazas, violencia y asesinatos, dice el Comité, pero, a pesar de eso, “su editor jefe Muratov ha rechazado abandonar la línea independiente. Ha defendido de forma constante el derechode los periodistasa escribir lo que quieran sobre lo que quieransiempre que cumplan con los estándares éticos y profesionales”.

El premio Nobel para Muratov y Ressa es un apoyo abierto y valiente de la Academia, que resalta “la necesidad de un periodismo libre, independiente y basado en hechos, que sirva para proteger derechos fundamentales contra el abuso de poder, las mentiras y la propaganda de guerra”.

El fallo, además, elogia la apuesta por la integridad profesional de los periodistas para mostrar aspectos rara vez mencionados por otros medios, por lo que, sin duda, el premio Nobel de la Paz 2021 es un galardón para el periodismo inteligente, combativo y decidido a no callar.

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