El grillete del centralismo

Andrés F. Ugalde Vázquez @andresugaldev >

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Esta es una historia triste. Una que comienza en la sala de un juzgado cantonal y, por lo tanto, abandonado a su suerte. Un juzgado donde un ciudadano común está siendo procesado por el presunto cometimiento de un delito. Un juzgado donde un juez, en un acto de elemental humanidad, decide evitarle al procesado la medida extrema de la prisión preventiva, consciente de la sangrienta y caótica realidad de nuestras cárceles, y garantizar su comparecencia mediante el uso de otro tipo de medidas cautelares. Y entre estas medidas, este juez de provincia, optaría por la colocación de aquel dispositivo de vigilancia que se conoce comúnmente como “grillete electrónico”.

Y es, en este punto, donde la historia toma un giro tan ridículo como incomprensible. Pues es aquí donde, desde la insondable capital, llega un hilarante oficio proveniente del Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Privadas de la Libertad (SNAI), donde se indica, en los términos más amables, la carencia de dispositivos de vigilancia electrónica, cuestión que ponen a conocimiento de los jueces para evitar el incumplimiento de las órdenes judiciales. Cosa que, en palabras sencillas, se traduce como una notificación a los jueces que dice “mándale nomás preso porque no tenemos grilletes”. Así, puro, simple y con todas sus letras.

Además, y aún si existiere algún dispositivo disponible, la colocación del mismo, sí como lo oye, deberá realizarse en Quito, en razón de que los dispositivos de vigilancia “solamente se colocan en la capital”, ciudad a donde el procesado deberá viajar (seguramente en la grata compañía de dos agentes policiales) para que funcionario del SNAI encargado de la colocación no tenga que moverse de su escritorio.  

Y mientras este tipo de torpezas siguen sucediendo en los pasillos de la justicia capitalina del nunca jamás, las cárceles, abismos sin fondo de donde muchos nunca regresan, se siguen abarrotando, en muchos casos, por procesados en trámite de juzgamiento. Ciertamente, el centralismo, uno de los vicios más antiguos de nuestra política, es un azote social burdo, incomprensible, indignante y, en casos como este, cruel… (O)

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