Viento de cola

Alberto Ordóñez Ortiz

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¿Ha oído Usted hablar del viento cola? Sea de ello lo que fuere, lo cierto que es la fuerte ráfaga de viento que afecta a los despegues y aterrizajes de las aeronaves que a causa de su intensidad podría ser altamente peligrosa. Se asegura que “En el caso de las aeronaves existe un parámetro que es la velocidad de ascenso o descenso, si esta es la correcta, la aeronave mantiene su equilibrio, pero si hay viento de cola, su base de sustentación se vería afectada y podría desplomarse, amén de las consecuencias inherentes a esa clase de accidentes generalmente fatales.” 

Si por analogía aplicamos tales riesgos al gobierno, tendríamos que admitir que al momento sufre un fuerte viento de cola. El reciente fracaso de la reunión con las organizaciones sociales va en esa dirección, de igual manera que la crisis carcelaria y los “pandora papers”. Bajo ese complejo panorama, las turbulentas reacciones de octubre del 2020 debieron ser evaluadas con meticulosidad y más, si se considera que quien desconoce la historia o la rechaza –como parece ocurrir- está condenado a repetirla, aunque no con esto pretenda decir que Lasso debió dar luz verde a las propuestas indígenas. Pero si es menester que diga que en su relevo –al tratarse de negociaciones políticas- pudieron lograrse acuerdos en temas de mutuo interés que habrían atenuado las crispadas tensiones que sacuden el avispero político. 

El rechazo de la Asamblea al proyecto de ley “creando oportunidades”, repudiado también por las centrales sindicales que lo encontraron “excesivamente empresarial”, como las posturas diametralmente opuestas sobre el manejo del costo de los combustibles son un viento de cola que podría poner en vilo a nuestra frágil estabilidad democrática. Por el bien del país, los contendientes deberían dar paso a un diálogo franco, abierto y conciliador.  (O)

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