Refugios de la pandemia (22)

Jorge Dávila Vázquez/ RINCÓN DE CULTURA

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DE QUINCEY es el primer gran poema de LA NOCHE DE MERCUCIO de Fernando Moreno Ortiz.

El poeta habla de esa figura tan particular del romanticismo inglés, que según algunos autores influyó en Poe, en Baudelaire y hasta en Borges, de modo familiar, fresco, descarnado, y lo hace, en todo momento, con gran altura lírica.

Si De Quincey se pasó la vida entera buscando a Ann, su protectora de juventud, a la que nunca volvió a ver, Fernando busca esa mujer que no es ideal, él mismo lo aclara en el preámbulo al poema: “Hablo con la mujer carnal a través de otra persona.”

El texto no solo es una búsqueda del ser inencontrable para ambos autores, sino una especie de intensa confesión poética. Famoso por su consumo de opio, que daría título al mayor de sus libros (“Confesiones de un comedor de opio”), De Quincey es interpelado por Moreno, con extrema sinceridad, y desde una orilla totalmente diferente: “Hablo contigo, yo solo tengo el opio de mí mismo”.

El otro texto, literario del libro, EL LAMENTO DEL DOCTOR FAUSTO, evoca la figura legendaria del hombre que vendió su alma a cambio de eterna juventud, largamente tratado en la literatura. Fernando solo lo mira en su condenación, de modo desgarrado y terrible.

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El resto de poemas del libro, aunque de hecho contienen, alusiones literarias, son más cercanos a la realidad del autor, a sus dolores y sueños, a su intenso deseo de expresarse con una profundidad que le sale desde dentro y que expresa la autenticidad de su ser de poeta por sobre todas las cosas.

Así, en piezas de gran belleza como EN LAS PROFUNDIDADES DE LA MUERTE, con su visión metafórica del más allá: “en ese reino, no hay una onda/ no hay movimiento…/ Reino del olvido, sin ningún camino.”

CICLO DE DIEZ POEMAS ESCRITOS A MI AMIGA DE LA NOCHE, que contiene verdaderas joyas expresivas, y una alusión a Mercucio y a su discurso, en el primero: “buscando razón al viento y las nubes.”

En el tercero dice: “Si hasta parece que hubiera nacido de nuevo/ en la palabra y en la noche.”

El conjunto es como un sutil enfrentamiento entre amor: “destilas bálsamo en mi corazón” y escritura: “esta noche mi palabra derrota/ sin contener ni tu esencia ni tus alas).

Volveremos para una última visión de este hermoso poemario. (O)