Un buen lugar

José Chalco Salgado [email protected]

            Recuerdo que, en el año 2017, cuando el actual rector de la Universidad del Azuay se posesionó, luego de un potente discurso que trazaba el camino a seguir, en donde destacaban ideas de humanismo, diversidad, campus, servicio, recuperar el sitial, academia, ciencia, tecnología, razón sustantiva, ética, transformación y utopía; la reflexión mayor fue: la de hacer de esta comunidad académica un buen lugar.

            El buen lugar significó la armonía con el ser humano y su entorno; con sus aspiraciones, ideales, visión de futuro, espíritu y creencias; con sus emociones y anhelos. Era la mirada hacia un trabajo consolidado que evolucione integralmente el progreso de la Universidad, de su nombre y prestigio sí; pero, ante todo, en el cual muchas personas -profesores, administrativos, estudiantes y sociedad plena- podían realizarse a plenitud. Sí. Ese lugar que tenía un reto: cultivar cualidades, esperanzas y utopías.

            La Universidad del Azuay se transformó radicalmente. Todos lo reconocen. Tomó un impulso tan similar al de su tiempo de constitución y al de su afianzamiento institucional. De hecho, es causa de orgullo mirar su capacidad académica y presencia que pasó de la localidad a la fortaleza de referente nacional. Sus campus, no solo que se renovaron o construyeron nuevos y hermosos, sino que precisamente han entregado dignidad a las personas que están en sus jardines, bibliotecas, auditorios, aulas y laboratorios, que laboran y estudian en él, que se encuentran para crecer, asumir y confrontar al mundo. Es decir, para vivir.

            Esa es la actual comunidad universitaria que ha recibido el reconocimiento como la primera Universidad del país, que respeta y camina de la mano de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Que es admirada por propios y extraños cada vez que la visitan y miran sus procesos profundos que son planificados, rigurosamente decididos y con entera pasión desarrollados. Así, su actual rector Francisco Salgado, de la mano de tantas voluntades entregadas con ética y compromiso, hicieron: un buen lugar. (O)