La CIDH y las cárceles

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La crisis carcelaria en el Ecuador será analizada por la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en su visita al país entre el
1 y el 3 de diciembre de 2021.


Para tal efecto cuenta con el visto bueno del gobierno, apremiado por
encontrar mecanismos idóneos, pero también firmes, para enfrentar un
gravísimo problema de orden social.


La CIDH, vale recordar, pidió al Estado “adoptar medidas inmediatas y
efectivas para garantizar los derechos a la vida e integridad personal
de quienes están bajo su custodia; a investigar estos hechos,
identificar y sancionar a los responsables; y a prevenir su repetición”.
También le planteó impedir el accionar de organizaciones delictivas,
protocolos para prevenir amotinamientos, e incrementar el personal de
seguridad y vigilancia.


El informe de la CIDH tras su próxima visita será fundamental, sobre
todo desapasionado, no politizado, pero sí categórico y transparente.
Ya ha tomado nota de las medidas de seguridad tomadas por el gobierno
para recuperar el orden en la Penitenciaria de Guayaquil, escenario de
la última masacre.


Casa adentro la crisis carcelaria es objeto de cuestionamientos, guerra
de informes, ataques, hipótesis de carácter político, objeciones,
interpretaciones legales, intentos por no asumir responsabilidades, peor
la de tener parte de culpabilidad, y hasta de aprovechar la coyuntura
para fines poco dignos.

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Tampoco escapa el cuestionamiento a la administración de justicia, dado
el abuso de la prisión preventiva, un mecanismo muy sobrevalorado por
los fiscales y aceptado con mucha permisividad por los jueces.
Esto incide en el hacinamiento en las cárceles, tanto más si las
convocatorias a audiencias demoran una eternidad y a ojos vista del
Consejo de la Judicatura.


La crisis penitenciaria no es epidérmica. Más bien ha tocado fondo. El
crimen organizado no puede someter al Estado, peor desde las cárceles.
Las soluciones deben involucrar a todos; pues la paz social y la
seguridad ciudadana no admiten posiciones inútiles, condescendientes,
tampoco de medias verdades.