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Los comedores municipales que alimentan a niños en situación de vulnerabilidad

Ruth Quito trabaja desde hace ocho años en uno de los comedores municipales de Cuenca. Andrés Mazza/El Mercurio

Ya, niños, siéntense, pasen, dice Mónica Lucero, lávense las manos, por favor. Y los niños siguen las órdenes: se lavan las manos, se sientan en las sillas y susurran, dicen que hace mucho calor, se ríen. Y, de pronto, el silencio porque aparece Ruth Quito, una mujer bajita que empuja un carrito.

Sobre el carrito está un balde que contiene la sopa. Ruth agarra unos platos y empieza a servir en las mesas que poco a poco empiezan a llenarse de niños, y de niños que ya se están convirtieron en adolescentes.

Mónica, que ya dijo lo que ha venido diciendo en los últimos 29 años, se retira y entra en la cocinita en donde se pondrá a servir el jugo que anhelan los comensales porque en el aire se siente la humedad y el calor parece que ya se está volviendo insoportable.

Los niños comen despacio, disfrutan de la comida, no hay apuro. Este momento, a diferencia de la mayoría de las personas que ven el almuerzo como parte de la vida diaria, es el espacio en donde pueden disfrutar de la comida que no recibían o recibían a medias por su situación de vulnerabilidad.

Los niños que comen su sopa están en el comedor que se encuentra dentro de la Unidad Educativa Zoila Esperanza Palacio, en la parroquia El Vecino. Este espacio es parte de los centros de apoyo nutricional del Municipio de Cuenca que surgieron para alimentar a niños, personas con discapacidad y adultos mayores de la ciudad hace más de tres décadas.  

En el comedor de El Vecino, 68 niños reciben un almuerzo a diario. Andrés Mazza/El Mercurio

En principio, cuando se fundaron los comedores en Cuenca, el único objetivo que tenían era satisfacer la necesidad de alimentación. Sin embargo, hace unos años se decidió complementar el servicio con apoyo nutricional: los centros cuentan con una nutricionista que se encarga del control antropométrico.

Además de los centros que son administrados directamente por el Municipio de Cuenca, existen otros espacios que son contratados y se hacen convenios con fundaciones para que se alimente a diario a 1.100 niños, adultos mayores y personas con discapacidad.  

Necesidades

Por la emergencia sanitaria, una gran parte de los espacios en donde se servía la comida tuvieron que ser cerrados. Pero, una vez que la situación epidemiológica lo permitió, desde hace cuatro meses, de manera paulatina, se reabrieron los centros para los niños.

Uno de los últimos en reabrirse fue el comedor en donde Ruth y Mónica trabajan. Cuando las mujeres se enteraron, como dicen ellas mismas, por poco y hacen fiesta porque el comedor ha sido su hogar en donde ellas son las “madres” de quienes a diario entran, al mediodía, a servirse el almuerzo.

“En abril del 2022 cumpliré treinta años trabajando en los comedores. Y todo esto ha una experiencia maravillosa. No esperamos nada a cambio. Nos sentimos felices de ver que los niños están con la barriga llena”, dice Mónica.

Solo en el comedor de Ruth y Mónica llegan 48 niños, todos los días, entre las 11:30 y 12:00. Todos ellos son nuevos en el espacio, son estudiantes, son niños que necesitan esa comida a la que más población quisiera acceder, sin embargo, como en todo proceso hay limitaciones.

Ruth y Mónica trabajan en El Vecino para los niños que llegan al mediodía. Andrés Mazza/El Mercurio

Para Magdalena Ortiz, encargada de los centros de alimentación de Cuenca, la pandemia agudizó mucho más la situación de vulnerabilidad de las familias del cantón.    

“No estamos pudiendo atender a la mayor parte de la población…Yo espero y anhelo que para febrero del próximo año ya podamos ampliar la cobertura para atender a más niños”, dice Ortiz, como disculpándose, porque el deseo es ver a más niños comiendo, sonriendo, gracias a ese almuerzo que no todos pueden pagarse. (I)

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