¿Hacia dónde vamos, Presidente?

Luis Muñoz Muñoz

Cada día  que pasa, nuevos acontecimientos desagradables hacen noticia  en la prensa, la radio, la televisión y las redes sociales,  que dan cuenta  como los más vulnerables sufren los embates de una escalada de precios en los artículos de primer necesidad, volviéndose inalcanzable la canasta familiar básica, sin que exista autoridad alguna  que frene la especulación, para evitar  que millones de ecuatorianos sucumban inevitablemente  en la mal nutrición  y la  muerte. Esta especulación, la atribuyen a  la alza  de los  combustibles, que  no se la hizo con sentido común, sabiendo que todo encarece   , sino con criterio político  para  satisfacer  las exigencias  del  Fondo Monetario Internacional. Vemos con preocupación,  la falta  de medicamentos en los  Hospitales Públicos y el IESS, los que existen son medicamentos genéricos y de mala calidad y en poca cantidad, lo que permite que la tasa  de mortalidad se eleve y está causando más muertes que la misma  pandemia. Las medidas económicas impuestas siguen protegiendo los intereses de los grupos de poder, que imponen al Presidente, su omnímoda voluntad a cambio de mantenerlo en el poder. El chantaje de  los  Asambleístas, es evidente, ofrecen aprobar  las Leyes que envía el Ejecutivo, siempre que éste último satisfaga sus propuestas. La Justicia está corrupta en todos sus niveles y cada minuto que pasa las decisiones de los fiscales, jueces y magistrados, nos asombran, porque garantizan la impunidad de los autores de delitos, que más tardan en entrar a la cárcel que salir de nuevo. El tráfico de drogas ha aumentado  considerablemente, la delincuencia en todas sus formas se ha enraizado, no solo en las áreas rurales sino también en el área urbana, la mendicidad es común, la prostitución  y los delitos de sangre, marcan un índice  nunca antes visto. Los pactos políticos secretos  y el «toma y daka», ha vuelto a ponerse de moda como si fuese normal. Nos ha ganado una vez más la ignorancia, la corrupción, la politiquería, la división de clases sociales, la violencia, el abuso de poder. El único camino que  queda es la lucha  del pueblo contra los mal llamados políticos y gobernantes, a pesar de que  ciertamente somos nosotros, quienes les dimos nuestro voto en las urnas y les entregamos la confianza de dirigir los destinos de nuestro país, pensando en la reivindicación de los grupos vulnerables,  que hoy como ayer siguen  sumidos en el olvido y en la más espantosa miseria. Ahora, plantearemos una pregunta  que quizá nunca tenga respuesta. ¿Hacia dónde vamos Presidente?.. (O)