“Asostados les veo”

Leonard Durán

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Lo que se veía venir ya está. ¿Y ahora? La ómicron, a lo mejor no la última variante del Covid-19, atenaza al mundo por los cuatro costados, y al Ecuador por todos los habidos y por haber.

Ni siquiera nos mosqueamos cuando nos advirtieron que esta nueva cepa del “invisible” era capaz de contagiar de “un solo toque” a 14 o 16 machotes ecuatorianos, acostumbrados a desafiar a todo.

Ya estamos vacunados. Unos se pavonearon de haberse pinchado con la Pfizer. Hasta se peleaban y palanqueaban a que se las pusieran. Y se echaba de menos a las demás, hasta que no quedó más que aceptarlas.

Y un ingenuo burócrata nos trajo desde Sudáfrica la ómicron, donde la descubrieron. No, qué va a venir desde tan lejos: Igual lo dijimos cuando asomó la primera cepa en la China.

¿De China? No; qué va; si está al otro lado del mundo; que asome por acá, imposible. Sí, así fue. Como si los chinos por el mundo no andarán buscando inversiones, oro, cobre, plata, petróleo, hasta peces y políticos pues hombre. ¿O no sabemos esto los ecuatorianos?

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Entonces, el clásico cerco epidemiológico para detener a la ómicron, tal si un potro salvaje fuera, capas de cercarlo con solo colocar unas cuerdas, o con unas cuantas potrancas seducirlo.

Y sobrevinieron los tímidos “exhortos” del COE nacional. Que usen mascarilla; que no se aglomeren, que celebren al Niñito Jesús casa adentro; que quemen al Año Viejo, no en la calle sino en el patio de la casa; que si a la playa van mantengan distanciamiento si es posible hasta en el mar.

El Ministerio de Salud exhortando para que vayan por la tercera vacuna, porque la “tercera es la vencida”, ni se diga para sesentones, setentones, ochentones, y solterones maduros.

Pero, “naranjas”. Fandango en Navidad, con remate en Fin de Año, brindando en la misma copa, metiendo los dedos en el mismo pavo; llenando los Malls los que más tienen, las ferias libres los que menos tienen.

Mucho antes, los “Chullas” celebrando en La Mariscal y Chimbacalle con copa llena y barbijo en la quijada. Y esto es.

Qué más se quiso la ómicron. Y se frota las manos porque ya viene Carnaval: agua para todos, para todo el mismo polvo, bailemos apegaditos; ¡qué churos, chulla vida, por algo se ha de morir! Carnavalito, carnavolote cada año no más es.

Y ahora todo en rojo. Rojos de miedo. Y como dicen que dice nuestro último hielero del Chimborazo, Baltazar Ushca: “Asostados les veo”. (O)