Espejo

Catalina Sojos

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Y esta pandemia nos puso ante el espejo, amigo lector; en estos días nos encontramos atravesando el pico más alto de la variante Ómicron como fruto de las navidades pasadas. En consecuencia, las farmacias, los bancos y los supermercados están de plácemes pues lograron que la ignorancia, estupidez y demás azotes que acompañan al consumismo enfermen a una gran cantidad de la población ecuatoriana. Los shows programados para los adolescentes consiguieron su objetivo y el virus se propagó sin distingos de edad y condición social. Nos hemos encerrado nuevamente y seguimos esperando que, por obra y gracia del espíritu santo, ocurra el milagro de que la peste no caiga sobre nuestras cabezas, sin hacer nada responsablemente para evitarla. Así las cosas estamos listos para una nueva ola que llegará en carnaval; de eso se trata la supervivencia en estos años terribles. Las vacunas, de alguna manera, han logrado frenar a la muerte pero como contrapartida nos convertimos en zombis frente a las pantallas y a la tecnología. Los poderosos saben que, con una multa mínima que se paga a las autoridades, los beneficios económicos son inmensos, por otro lado la presencialidad es, cada vez, más lejana y llega a convertirse en utopía. Definitivamente nadie aprende y el mínimo segmento de la población que tiene conciencia, agacha la cabeza y extiende el brazo mansamente. (O)

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