Los 100 años de la Semana de 1922, cuna para la revolución del arte en Brasil

Museu da Imagem e do Som de São Paulo
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Sao Paulo.- Hace 100 años exactos, un grupo de artistas desconcertó a Brasil con sus inusitadas obras que pretendían romper con el arte tradicional. Era el 13 de febrero de 1922 y apenas arrancaba la Semana de Arte Moderno, hoy considerada un marco de la cultura brasileña y que inauguraría una nueva era.

«La Semana de 22 fue un acontecimiento que, más que traer impactos inmediatos, reverbera a lo largo de los años. Lo que sucede después de la Semana es mucho más significativo que aquellos días per se», explica en una entrevista con Efe Andrea Caruso, directora del icónico Theatro Municipal de Sao Paulo, que hace un siglo fue el escenario del festival.

Organizada por un pudiente grupo de intelectuales y artistas -entre ellos Anita Malfatti, Di Cavalcanti, Mario de Andrade o Heitor Villa-Lobos- la Semana de 1922 marcaría el inicio del movimiento modernista en Brasil con su propuesta de romper con el canon estético del siglo XIX imperante y perseguir la independencia cultural.

Pero sus impactos no se limitaron a los abucheos y violentas reacciones con la que la iniciativa fue recibida. En las décadas siguientes, diversos movimientos artísticos se inspiraron en los modernistas, como el irreverente tropicalismo o la Bossa Nova.

«Entre los que viven hoy del arte en Brasil, ya sea literatura, artes visuales, teatro o danza, no hay quien no haya bebido de esa fuente» modernista, asegura Caruso.

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Bajo la inspiración de las vanguardias europeas, como el cubismo, futurismo o expresionismo, los modernistas también desempañaron un papel crucial en la modernización de Sao Paulo, hasta entonces eclipsada culturalmente por ciudades como Río de Janeiro o las capitales del nordeste.

En 1922, Sao Paulo «no era esa metrópoli cultural, múltiple, que es hoy. En aquella época la ciudad estaba aflorando y erigiéndose gracias al café. Y la Semana fue precisamente ese grupo de élite construyendo su visión», afirma Caruso.

Así, para celebrar el centenario de la emblemática semana que rompió moldes y la alzó como la vibrante capital cultural que es hoy, Sao Paulo ha organizado una serie de exposiciones, sesiones cinematográficas y espectáculos.

En escenarios distribuidos por diversas regiones, los visitantes podrán sumergirse en un viaje por la historia del modernismo brasileño y acompañar el proceso de evolución de aquellos que se convertirían en algunos de los principales artistas del país.

Es el caso del joven compositor Heitor Villa-Lobos, quien subió por primera vez -y en chancletas- a un gran escenario en la Semana de Arte Moderno y estaba lejos del reputado director de orquesta en el que se convertiría. Un siglo después, el legado del músico retorna al Theatro Municipal, que brindará la audiencia con uno de sus programas completo.

El público también podrá conocer el trabajo del novato Di Cavalcanti, que exhibió una de sus primeras obras, «Amigos», en la exposición original de 1922 con un estilo bastante diferente con el que alcanzó la fama y que apenas anunciaba el renombrado artista en el que se volvería.

Ahora, «Amigos» vuelve al centro de la atención en una exhibición en la Pinacoteca, al lado de otras 130 obras de artistas vinculados a la Semana de Arte Moderno.

En ese imponente edificio del centro de Sao Paulo, los visitantes igualmente podrán acompañar el desarrollo artístico de Tarsila do Amaral, autora de pinturas como «Abaporu» y «Antropofagia» y una de las principales figuras modernistas, aunque no estuvo presente en la Semana de 22.

Pese a la ausencia en el festival, Tarsila fue la responsable, junto a los escritores Oswald de Andrade y Raul Bopp, de la creación en los años siguientes del Movimiento Antropofágico, que establecería las bases para una cultura nacional.

«(La pintura) Antropofagia no tiene nada que ver con la Semana de 22 per se, pero es un importante ejemplo de la extensión de aquel momento de los años 20», que será «retomado varias veces en los siglos 20 y 21», rememora a Efe la comisaria de la Pinacoteca, Valéria Piccoli.

Y es que, si bien Brasil vivía una explosión creativa con varios movimientos artísticos paralelos, es innegable que la Semana de 1922 se alzó como la cuna para la creación de un arte «esencialmente brasileño» que «reconoce su diversidad como una calidad».

Con los modernistas, el país «alcanzó lo que sería el trazo principal de la cultura brasileña, que es esa capacidad de mirar hacia el exterior, pensar en el escenario internacional y de alguna manera deglutirlo» en una cultura local, recalca Piccoli. EFE