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La furia de los ríos

Azuay y Cañar sufren las consecuencias letales de un invierno inimaginable. Sus secuelas tardarán en remediarse, sobre todo en el campo vial.

Ríos, hasta cierto punto con pequeños caudales, esta vez “despertaron” y arrasaron con casi todo. El Burgay en la provincia de Cañar; el Chantaco en la del Azuay.

Los estragos causados por el Burgay los sintieron Azogues y Biblián. La creciente abrió grandes socavones en las vías, dificultando el tráfico vehicular y poniendo en riesgo las viviendas.

Hay puentes a punto de caerse en Biblián, donde hace tres años la Municipalidad debió construir muros para proteger las márgenes, según se queja el vecindario.

Se anegaron las plataformas de un exmercado en Azogues. En la zona de El Descanso, a la creciente del Burgay se unió la proveniente del río Cuenca, provocando inundaciones que afectaron viviendas, sembríos, a una central eléctrica y a la red vial.

En el cantón Santa Isabel (valle de Yunguilla), semanas atrás las primeras crecidas del río Chantaco dieron la alerta; pero este jueves el volumen de su caudal dejó absortos a todos. Un afluente, aparentemente pequeño, se volvió un “brazo de mar” y arrasó con todo.

Puentes, vías, viviendas, sembríos, y otro tipo de infraestructura están afectados. Fotos y videos grabados por habitantes de la parroquia Abdón Calderón (La Unión), a cuyo extremo corre el río, demostraron la magnitud del fenómeno climático.

En los dos casos referidos, una evaluación técnica permitirá cuantificar los daños. Los presupuestos municipales y de las juntas parroquiales, en cuyas jurisdicciones ocurrieron, no serán suficientes para acometer la reconstrucción. Será necesario el apoyo del gobierno central.

Pero también es necesario entender los mensajes de la naturaleza, aunque dolorosos.

El cambio climático es una realidad; pero el hombre lo ignora, y por eso sigue cometiendo errores como “tomarse” las orillas de ríos y quebradas, talar y quemar árboles, secar vertientes, lagunas, urbanizar valles, entre otras acciones nocivas.

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