Misiva a nuestros gobernantes

Hernán Abad Rodas

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El filósofo chino Kun Fu Tse (Confucio) decía: “Cuando la conducta del gobernante es reverente, el pueblo será reverente con él; cuando es filial y bondadoso, el pueblo es leal; cuando mejora a los virtuosos y educa a los incompetentes, el pueblo se muestra ansioso por cultivar la virtud”.

Un gobernante pierde autoridad ética y moral, cuando desprecia a los que piensan diferente, cuando olvida a quienes le sacaron del anonimato y lo encumbraron en el poder; cuando sólo busca sus intereses políticos, su bienestar y el de sus obsecuentes seguidores; cuando falsea su testimonio, y cuando mata la esperanza de un pueblo con maledicencia.

Un gobernante se engrandece y se vuelve respetable, cuando extiende su mano a todo el pueblo que lo eligió, así como a los que no lo hicieron; también cuando cierra su boca y abre su corazón.

Señor presidente, me niego a creer que, si no extirpamos con hechos y de raíz la tenebrosa corrupción en la vivimos inmersos los ecuatorianos, llegue la paz y prosperidad a nuestro sufrido Ecuador. Lo digo no por ser pesimista, sino porque siento ternura por mi país y quiero a sus habitantes, más aún porque a causa de su miseria, los veo estimulados por la atracción hacia el pillaje e impulsados al asesinato y a cometer toda clase de atrocidades, debido a la crisis económica, social y política que nos agobia, herencia de diez años de correísmo y cuatro años de morenismo, que fue lo mismo.

¿Tendremos paz en el Ecuador, mientras los hijos de la infelicidad penen como esclavos en los campos y en las ciudades?, ¿qué es la paz?, ¿se halla en los ojos de esos niños que chupan de los senos secos de sus madres mal alimentadas, que viven en tugurios o chozas heladas?, o se halla en las calles, donde viven los hambrientos que duermen en el suelo y que suspiran por un solo bocado de alimento, ¿habrá paz en las lágrimas de los ancianos que recorren su mejillas y que son el símbolo de los restos de la vida en sus cuerpos debilitados, cual hojas de otoño amarillentas, llevadas y dispersada por el viento cuando se aproxima el invierno de la vida?

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Loa señores Asambleístas que actualmente ostentan el poder legislativo, se niegan a ver este panorama trágico y desolador en el que se encuentra viviendo nuestra patria. No observan esta triste realidad porque reciben altas remuneraciones no acordes con su preparación y cumplimiento del deber para el que fueron elegidos, viven en oficinas, palacios y sobre tarimas en perpetua campaña electoral, cobijados con espectáculos de malabarismo ideológico para narcotizar a las masas, y así obtener “triunfos “electorales que luego el viento los disipa y los deposita en los rincones del olvido y la desesperanza.

Aquel que busca la verdad y la justicia para proclamarla ante los hombres está abocado al sufrimiento. Pero mis penas me han enseñado a comprender las penas de los demás…Las amenazas de persecución…no han oscurecido mi visión de Dios y de la justicia. (O)