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Natalia García Freire presenta «Trajiste contigo el viento», un libro de cuentos con alta dosis de terror y un ambiente de nuevo realismo mágico

La escritora cuencana Natalia García Freire. Foto de María Fernanda García.

Para la escritora ecuatoriana Natalia García Freire, Cocuán es un lugar instalado en su «inconsciente», un Macondo o una Vetusta en la que habitan Mildred, Ezquiel o Hermosina, los personajes que se pasean por el libro Trajiste contigo el viento y que respiran un ambiente dominado por un incipiente nuevo realismo mágico latinoamericano.

García (Cuenca, 1991) no duerme bien desde niña, cuenta a EFE durante su visita a España, por eso tiene que aliarse con fármacos como el cocuán, una benzodiacepina contra el insomnio severo cuyo frasco siempre está en su mesilla de noche. Así que este libro publicado por la editorial La Navaja Suiza tiene este nombre, el nombre de un somnífero.

«Cuando estaba escribiendo mi anterior libro, Nuestra piel muerta, dormía muy poco y me recetaron cocuán; y comencé a tener una relación diferente con mis pesadillas, con esa parte del inconsciente. Lo primero que veía todas las mañanas cuando me levantaba era el bote de este medicamento, así que cocuán era para mí un lugar», explica.

Un pueblo soñado con vidas terroríficas

Un pueblo soñado en el que viven Mildred, Ezequiel, Agustina, Manzi, Carmen, Víctor, Baltasar, Hermosina y Filatelio, nueve personajes arraigados en una tierra que se podría ubicar en la Cuenca natal de la autora, donde la naturaleza marca las horas de sus terroríficas vidas. Porque sí, Trajiste contigo el viento tiene un alto contenido de terror.

Es lo que transmite Baltasar, un «chulquero» (como así llaman en Ecuador a los usureros) como los que García conoce, una figura «muy arraigada» en su país y que en este cuento bebe del entorno natural, la clave de los nueve relatos de este libro que podemos considerar como novela, porque todas las historias forman un único universo narrativo.

Un territorio donde García siempre tiene presente las montañas y el páramo de la región ecuatoriana donde reside: «es muy importante en mis libros la relación del cuerpo con el desarrollo en estos paisajes, porque hemos olvidado al cuerpo a la hora de escribir».

Con una humedad que traspasa las páginas, ese espacio narrado por la autora recupera el realismo clásico latinoamericano, aunque ella y otras escritoras como la colombiana Andrea Mejía o la también ecuatoriana Mónica Ojeda, lo han renovado. No solo a través de una mirada femenina, sino gracias al trabajo que hace el hecho de dejar pasar el tiempo.

«Creo que al fin se acepta la parte de la herencia más ancestral de Latinoamérica», afirma acerca de su afán por ir a sus raíces, acudir a «maestras» como la argentina Sara Gallardo.

El cuento, un género vigente

Asimismo, si algo une también a estos nueve cuentos es la presencia de niños y niñas con los que compartir una tarde de juegos se presenta como algo imposible, incluso no deseable.

«Siempre me hago muchas preguntas sobre la infancia, sobre todo lo que se funda en estos años, y sobre esa imaginación salvaje que tienen los niños y que no tiene que ver con el bien con el mal», unas declaraciones que reconoce son también una descripción de su niñez, cuando las noches la protagonizaban las pesadillas y cuando su imaginación la hacía ver a seres «desaparecidos» de su familia.

Con Trajiste contigo el viento, García deja claro también que el cuento es un género que no ha dejado de cultivarse, aunque a veces haya estado en estado de barbecho.

«Yo lo veo como un territorio perfecto donde todo tiene que funcionar», concluye la también periodista y profesora «on line» de la Escuela de Escritores de Madrid, ciudad en la que estudió dos años un máster de escritura creativa. EFE

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